¿Quién es el obispo? ¿Un “proselitista”?

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          Ha sido publicado un reciente discurso del Sr. Bergoglio, modernista y ecuménico, dirigido a “A LOS PARTICIPANTES EN UN SEMINARIO PARA OBISPOS DE LOS TERRITORIOS DE MISIÓN”, con fecha Sábado, 8 de septiembre de 2018. Un católico esperaría encontrar allí, sobre todo en medio de la universal apostasía de nuestros tiempos, y de la urgente necesidad de misionar, las palabras de un verdadero Sumo Pontífice, marcadas por el carácter esencialmente misionero de la Iglesia, en base al mandato perentorio de N. S. Jesucristo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”(Mt, 28, 18-20). Pero, lamentablemente, por sus palabras, esto no es así:

Esto es lo que enseña el Sr. Bergoglio sobre la actividad misionera de la Iglesia

1 DE OCTUBRE DE 2013. El Papa Francisco dice: “El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido.  Necesitamos conocernos, escucharnos y mejorar nuestro conocimiento del mundo que nos rodea”.  (LA REPUBBLICA)

1 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco dijo: “Hay un pecado muy grave contra el ecumenismo: el proselitismo”.  (VATICANO)

13 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco recibió a unos 1.000 peregrinos en el Vaticano – la mayoría de ellos luteranos alemanes – como parte de los preparativos ecuménicos para el 500º aniversario del comienzo de la reforma luterana.                         ….El Papa Francisco dijo al grupo que el proselitismo era una amenaza potencial para la unidad cristiana, diciendo: “Lo último que ustedes pueden hacer es ‘decir, convencer’. No está bien convencer a alguien de tu fe. “El proselitismo es el veneno más fuerte contra el camino del ecumenismo”… (VATICAN/AP PHOTO/ROME REPORTS/ANSA)

28 DE OCTUBRE DE 2016. En una entrevista, el Papa Francisco dijo: “Hay una política que debemos tener clara en cada caso: hacer proselitismo en el campo eclesial es un pecado. Benedicto XVI nos dijo que la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción. El proselitismo es una actitud pecaminosa…” (LA CIVILTÀ CATTOLICA)

18 DE NOVIEMBRE DE 2016. El Papa Francisco dijo: “…Repito, el proselitismo entre los cristianos es un pecado. La Iglesia no crece nunca a través del proselitismo, sino ‘a través de la atracción’, como explicó Benedicto XVI. El proselitismo entre los cristianos es, por lo tanto, un pecado grave en sí mismo, porque contradice la dinámica misma de llegar a ser cristianos y de permanecer cristianos. La Iglesia no es un equipo de fútbol en busca de aficionados…” (LA STAMPA/NATIONAL CATHOLIC REPORTER/AVVENIRE)

21 DE JUNIO DE 2018. En el movimiento ecuménico tenemos que tomar del diccionario una palabra: “proselitismo”. ¿Claro? No se puede tener ecumenismo con proselitismo. Tienes que elegir. O tienes un espíritu ecuménico o eres un proselitista”. (AGENCIA DE NOTICIAS CATÓLICA)

En cambio, ¿Qué dice la Iglesia? (Citas tomadas de la Homilía pronunciada por Mons. Sanborn, el 24 de octubre de 2014)

Papa Pío XII dijo: “No sólo el Salvador mandó que todas las naciones entren en la Iglesia, sin también decretó que la Iglesia es el medio de salvación sin el cual nadie puede entrar en el Reino de la Gloria eterna”.

Papa Pío IX dijo: “…Esta es la razón por la cual la Iglesia católica reza, e invita a los fieles que recen a Dios todopoderoso, para que todos aquellos que abandonaron la Santa Iglesia Católica se conviertan a la verdadera fe, abjuren sus errores, y retornen en gracia a su grey, fuera de la cual no hay salvación”.

Dijo también: “Pero este dogma católico es igualmente conocido, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia católica, y que todo aquél que con advertencia se rebela contra la enseñanza y la autoridad de la Iglesia no pueden alcanzar la salvación eterna, ni aquellos que voluntariamente se separan de la unión con la Iglesia y con el Romano Pontífice, el sucesor de Pedro, a quien el Salvador a confiado el cuidado de su viña.”

Papa Gregorio XVI dijo: “Con la ayuda de Dios el clero no tendrá mayor apremiante ansiedad que predicar la verdadera fe católica; el que no la guarde sin error, sin duda alguna, estará perdido. En consecuencia, ellos deben favorecer la unión con la Iglesia Católica, pues el que se separe de Ella no tendrá vida”.

Y este grande Papa, citando a San Agustín, dijo: “El que permanece separado del Cuerpo de la Iglesia Católica, no obstante, su conducta pueda parecer laudable, nunca gozará de la vida eterna y la ira de Dios permanece en él, a causa del crimen del cual es culpable al vivir separado de Cristo”.

Papa Gregorio el Grande dijo: “La Santa Iglesia universal enseña que Dios no puede ser verdaderamente adorado sino en su rebaño. Ella afirma que todo aquel que se separa de Ella no se salvará”.

Papa León XIII, en el último año de su vida, dijo: “Esta es nuestra última lección para ustedes, recíbanla y grávenla en sus mentes todos ustedes: ‘Por mandato de Dios, la salvación no se encuentra en ninguna parte, sino en la Iglesia’”.

Papa pío XII dijo: “Para ser cristiano, es necesario ser Romano, es necesario reconocer la Unidad de la Iglesia de Cristo, que es gobernada por el único sucesor del Príncipe de los Apóstoles, el Obispo de Roma, el Vicario de Cristo en la tierra”.

Papa Pío XI dijo: “Nadie está en la Iglesia de Cristo y nadie permanece en Ella, a menos que reconozca y acepte con obediencia la autoridad y el gobierno de Pedro y sus sucesores legítimos.”

¿Y la Sagrada Escritura?

 Fue a la única Iglesia, fundada por Él mismo, que Nuestro Señor Jesucristo dio este solemne mandato misionero: “Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt 19, 20), y Marcos agrega: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

¿Y la Sagrada Liturgia de la Iglesia? (Ibíd.)

La Oración Colecta del Domingo de Misiones: “¡Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y que vengan al conocimiento de la Verdad, envía, te rogamos, operarios a tu mies, que prediquen tu Palabra con certeza, que su predicación se extienda por todo el mundo, lo ilumine, y que todos los pueblos puedan conocerte, Único y Verdadero Dios, y a Jesucristo Tu Hijo, Nuestro Señor a quien Tú has enviado!”

La Oración Secreta de la Misa: “¡Concédenos que, desde la salida del sol hasta el ocaso, sea glorificado Tu Nombre entre las naciones, y que en todo lugar sea sacrificado y ofrecido la Oblación pura a Tu nombre!” Esta es la cita de la profecía de Malaquías, quien profetizó el Santo Sacrificio de la Misa, santo y puro, es decir, la Oblación incruenta.

La oración después de la Comunión: “Pide a Dios que la verdadera Fe se difunda en todo el mundo”

En el Viernes Santo, la Iglesia reza por la conversión de los herejes y cismáticos de la siguiente manera: “¡Oremos por los herejes y cismáticos, para que Nuestro Señor y Dios los libere de todos sus errores y los vuelva a llamar a nuestra Santa Madre, la Iglesia católica y apostólica!”. Luego el sacerdote reza: “¡Dios Todopoderoso y Eterno que ha salvado a todos los hombres y deseas que ninguno perezca, dirige tu mirada hacia aquellas almas engañadas por la insidia del diablo para que abandonando toda su perversión herética, el corazón de aquellos que permanecen en el error se convierta y retornen a la unidad de Tu Verdad!”. La Iglesia ofrece oraciones similares en el Viernes Santo por la infidelidad de los judíos y por los paganos.

COMENTARIO

          J. M. Bergoglio, oponiéndose a la enseñanza de Cristo y de la Iglesia, declara que la acción misionera de la Iglesia, intimada por el mismo Cristo, es una solemne tontería, algo absurdo, sin sentido, un pecado grave, un veneno muy fuerte, una gran amenaza, una actitud pecaminosa; ¿contra qué? nos preguntamos, él mismo lo dice y lo repite una y otra vez: pues contra el único dogma que profesa la nueva iglesia, esa organización que dirige J. M. Bergoglio, esto es, el ecumenismo, ya condenado por la Iglesia (cfr., Pío XI, Encíclica “Mortalium Animos”); el ecumenismo, razón de ser, espíritu y la letra del Vaticano II y de todas las “reformas” subsiguientes, es el único y más elevado dogma de la nueva “iglesia” post conciliar, a tal punto, que si usted falta contra éste, entonces comete un pecado gravísimo, de hecho, el pecado por excelencia.

          J. M. Bergoglio se atreve a calificar la bimilenaria actividad misionera de la Iglesia católica, ex profeso, con un término vulgar, despreciativo, injurioso, abominable, ordinario y blasfemo; ¿es que, cuando la Iglesia se esforzaba hasta el martirio y la muerte para convertir a los pueblos y traerlos a la Verdad, desde el lejano Oriente hasta América, desde la Europa Septentrional hasta África y Oceanía, y sacar a los errantes del error, perpetraba un acto deleznable llamado “proselitismo”? Señor Bergoglio, ¿¡Es que Cristo mismo ordenó cumplir un mandato divino “pecaminoso”!? Contra esto hay que gritarle r. Bergoglio, ¡Es la Misión de la Iglesia!; no nos cansaremos de repetirle a su cara el solemne mandato de nuestro Salvador: “Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”; “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

El horrible “pecado” de proselitismo, imputado a la Iglesia católica por el Sr. Bergoglio, significaría que la actividad misionera de los mismos Apóstoles y primeros discípulos, en especial, de San Pedro y San Pablo, pero de todos, en general, fue un amenazante y absurdo pecado; pero, ¿¡Cómo no se dieron cuenta de que la Iglesia debía  predicar el indiferentismo ecumenista!? Luego, la enorme cantidad de misioneros, las mismas congregaciones misioneras, y la propia Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, fundada por Papa Gregorio XV con la Bula Inscrutabili Divinae, todos ellos ¿¡Fueron para el Sr. Bergoglio propagadores de un “veneno muy fuerte” debido a la “pecaminosa actitud” de la Iglesia? ¿Quiere decirnos, a los católicos que aún retenemos la Fe, que la Iglesia erró miserablemente debido a siglos de Misión en el mundo? ¿Es que la Iglesia, Santa, asistida infaliblemente por el Espíritu Santo ¿da veneno a sus hijos y al mundo? ¿Cómo se atreve este hombre a proferir estas insanias, que sobrepasan las más horribles herejías contra El Cuerpo Místico de Cristo, cuando la Iglesia no ha hecho más que cumplir y ser fiel  a su Misión, intimada por Cristo?

La Iglesia católica es misionera por esencia; la nueva religión e “iglesia” del Vaticano II, en cambio, son pluralistas e indiferentistas por esencia y, por lo tanto, ecuménica, como queda demostrado por el heresiarca Bergoglio y por sus predecesores posteriores al Vaticano II; ecumenismo que es la aplicación del subjetivismo en ámbito religioso (todos juntos y revueltos, cada quien con su creencia y sus dioses). ¿¡Cuánto más tendrá que decirse para que los bautizados católicos huyan de esa extraña religión que se apoderó de sus parroquias y que antes eran de la Iglesia católica!?

En fin, en el texto del discurso Bergogliano, mencionado al inicio, difícilmente encontraremos palabras dirigidas a “obispos” propias de la forma de hablar de la iglesia, aún cuando el título del seminario anticipa que se dirige a “obispos” de los territorios de misión. Y ya sabemos la razón. Es que Bergoglio declara y enseña que la Misión de la Iglesia (convertir a la Fe católica a todos los pueblos; sacar del error a herejes, cismáticos e infieles, e incorporarlos a la Iglesia Católica, único medio de salvación querido y fundado por Cristo) es un pecado gravísimo contra la libertad religiosa y contra el dogma del ecumenismo. En cambio, en su discurso, encontraremos gran cantidad de locuciones propias del habitual estilo vago, vaporoso y confuso de los modernistas: P. ej., él dice  “Preguntémonos sobre nuestra identidad de pastores para tener más conciencia” (la autonomía de la conciencia individual es un principio irrenunciable del modernismo; en Bergoglio es recurrente; recordar que él enseña que incluso un ateo se puede salvar, si es fiel a su conciencia); “El ministerio del obispo da escalofríos…”; “Está llamado [el obispo] a hacer propio el corazón del sacerdocio”; “tener gestos y palabras de especial consuelo por los que experimentan marginalidad y degrado” (esto, en sí, no es reprochable; la Iglesia, históricamente, siempre ha tenido una especial solicitud por los necesitados; sin embargo la misión de la Iglesia militante pertenece al orden sobrenatural); “tiene [el obispo] la valentía de discutir con Dios por su rebaño” (¿con Dios? ¿acaso se negocia con Dios, o se debe obediencia a la voluntad divina?); cita la Misión de la Iglesia según San Marcos 16, 15 pero con un recorte, omitiendo las consecuencias, a saber, “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (la razón es que, en el espíritu del concilio Vat-II y de la enseñanza del “magisterio” de la nueva iglesia, todos se salvan, incluso el ateo “si es fiel a su conciencia”); “Y saliendo de sí se encuentra a sí mismo”, (esto es puro naturalismo, puro humanismo, es decir, se encuentra con su propia conciencia, se autorealiza; en cambio, la doctrina católica enseña que “el que sale de sí”, nacido bajo el pecado y las heridas de la naturaleza, no se encuentra con sí mismo, ni se realiza por sí mismo, sino con Dios, que es la esencia de la espiritualidad católica, por aquello de “Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9, 23); “nadie debe mostrar hacia vosotros actitudes de sumisión” (el Obispo, al recibir la Misión canónica conferida por el Papa, recibe plena autoridad para el gobierno de una porción de la Iglesia, la diócesis, por lo tanto, se le debe obediencia y sumisión); “permanecen [las familias] las primera Iglesias, por Iglesias domésticas” (esta expresión es un eco, o resonancia, de la enseñanza del concilio Vat-II, que, en Lumen Gentiumn. 11, rebautizó la familia como “Iglesia doméstica”,  y es un eco de la “Carta a las Familias” de Wojtyla, luego, si “Iglesia doméstica” ¿también Esposa de Cristo?; por otro lado, es un eco del llamado “Catecismo de los judíos”, en donde se enseña que la familia es “un pequeño templo” y que “la mesa familiar es el altar” [cualquier parecido con la “nueva misa” como Cena ¿es pura coincidencia?]. Ya Wojtyla, en esa carta, enseñaba que “el hombre es la vía de la Iglesia” [pensábamos los católicos que la vía de la Iglesia es Cristo], y que “la familia es la vía común de la Iglesia que recorre el hombre”; luego, también la familia es la vía de la Iglesia [nuevamente, para los católicos, la vía de la Iglesia es sólo Cristo). En fin, hasta aquí lo que es una muestra de las enseñanzas que forman parte de la doctrina inyectada directamente como veneno en las venas de la Iglesia católica por el “concilio” Vaticano II, reproducidas y ampliadas por el “magisterio” bergogliano y, en general, por la jerarquía post-conciliar.


Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Canonizaciones por la Iglesia “Novus Ordo”?

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     Estamos escuchando algunas cosas relacionadas con el proceso de canonización de Pío XII, abierto por Pablo VI en 1965. Cosas, en realidad, muy injustas y sesgadas por cierto ánimo político-religioso sobre un supuesto apoyo y hasta simpatía de Papa Pacelli con la causa de Hitler. 

     Contra estas afirmaciones está el propio pensamiento de Eugenio Pacelli respecto al nacionalsocialismo alemán plasmado en la Encíclica “Mit brennender Sorge” que él mismo redactó por encargo de Pío XI, sus alocuciones cuando ya era Papa, la gran cantidad de sobrevivientes judíos refugiados en dependencias de la Iglesia, la gran cantidad de positivos testimonios de relevantes personalidades judías (a tal punto de modificar positivamente el mismo texto sobre él en Yad Vashem), etc. 

     Sin embargo, existe un problema aún mayor, por ser insuperable, no sólo para el proceso de canonización del propio Pío XII, sino que también afecta a todas las canonizaciones a partir de su fallecimiento en 1958. 

      En efecto, perteneciendo las “Solemnes canonizaciones de los santos” al objeto secundario del Magisterio infalible de la Iglesia, nos encontramos con una dificultad insalvable concerniente a la situación en que se encuentra la Iglesia a continuación de la promulgación del Concilio Vaticano II, ya que, a partir de esa fecha, ningún elegido en Cónclave, que se presume válido, ni Bergoglio, ni algún sucesor que no derogue el Concilio Vaticano II y las posteriores reformas, ha poseído, ni posee la Autoridad de Cristo para canonizar a nadie en la Iglesia Católica. 

      La razón está en el principio de Autoridad. En efecto, la esencia de toda autoridad es su determinación a procurar el bienestar y el fin propio de la institución que dirige. Es así que los “papas” post Vaticano II no procuran el bien ni el fin propio de la Iglesia, que es, la Gloria de Dios y la salvación de las almas, porque han puesto un obstáculo para recibir la Autoridad que Cristo debe comunicar al elegido en Cónclave, obstáculo que es la intención habitual de enseñar el error doctrinal (muchos de ellos contradiciendo la enseñanza previa de la Iglesia), mala disciplina (irreverente o, francamente, moralmente errónea) y falso culto (sacramentos, liturgia y Misa). 

     Todo católico sabe, o debiera saber, que la Autoridad de la Iglesia, comunicada por Cristo, NO puede dar a sus fieles habitualmente el veneno, es decir, el error y el mal, a causa de la indefectibilidad de la Iglesia; es decir, que la Iglesia, por la promesa divina, debe continuar, hasta el fin de los tiempos, con la misma naturaleza y propiedades con las que Cristo la ha fundado y dotado, en otras palabras, es imposible que la Iglesia sufra un cambio substancial, como quiere el Concilio Vaticano II y la “jerarquía” subsiguiente. 

     Por lo tanto, en razón de la privación de la Autoridad en la Iglesia en la situación presente, es imposible poner el “Solemne acto de canonización” con la infalibilidad de la Iglesia, por parte de la jerarquía post Vaticano II, ni la de los que ya “canonizó” ni la de Pío XII, que deberá esperar, si Dios lo quiere, un verdadero Papa de la Iglesia Católica…!


“Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!

Ecce sublimes dignitas et similitudo tuae. Bergoglio dixit!

 

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15 DE JUNIO DE 2018.- El Sr. Bergoglio, pretendiente al Papado, dijo: “La doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia. Antes de Jesús la visión sobre las mujeres era una cosa, pero después de Jesús son otra. Jesús dignifica a las mujeres y las pone al mismo nivel que a los hombres porque toma esa primera palabra del Creador, ambas son “imagen y semejanza de Dios”, ambas; no primero el hombre y luego un poco más abajo la mujer, no, ambas lo son. Y un hombre sin mujer a su lado – ya sea como madre, como hermana, como esposa, como compañera de trabajo, como amiga – ese hombre solo no es la imagen de Dios. Este es un pecado contra Dios el Creador, rechazando a las mujeres porque sin ella los hombres no podemos ser imagen y semejanza de Dios”. (NOTICIAS VATICANAS)

Veamos esta sorprendente y hasta extravagante enseñanza de este “magisterio” Bergogliano más de cerca. Tal parece que, en más de dos mil años, nuestra Santa Madre Iglesia nada dijo a nuestros pobres antepasados, tan católicos ellos, sobre la dignidad, imagen y semejanza de la persona humana; pero, al menos, los fieles ecuménicos sí tienen la suerte de recibir esta preclara “enseñanza” de su “pastor”.

La imagen, la semejanza y la dignidad.

 Bergoglio se remite a la doctrina de la dignidad y de la imagen y semejanza de Dios en el hombre tomada del “magisterio” de Wojtyla, tal como se desprende de su “Carta a las Familias” (2 de febrero de 1994). En el n. 6 de la Carta, Wojtyla, reflexiona sobre la persona humana y dice: «La clave interpretativa está en el principio de la ‘imagen’ y de la ‘semejanza de Dios’… “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza” (Gn 1, 26)»

Es cierto que el primer hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios; está divinamente revelado. Pero, veamos si este magisterio de Bergoglio/Wojtyla abandona, o no, la doctrina católica y, para eso, consultemos al Doctor Común de la Iglesia. En efecto, Santo Tomás de Aquino enseña que las criaturas irracionales no son a imagen y semejanza de Dios; en ellas existe sólo un vestigio del Creador (I, 93, 2). Las criaturas angélicas, en primer lugar (I, 93, 3) y luego, también los hombres son a imagen de Dios, que esimago creationis, no en el cuerpo, sino en el alma intelectual (I, 93, 6); es decir, la esencia del alma humana (las potencias) es imagen de la unidad trinitaria de la naturaleza divina. Los ángeles y los hombres, además, pueden ser a semejanza de Dios en la Gracia, que es imago recreationis, a la manera de una segunda creación de orden sobrenatural, la cual llegará a consumarse en la Gloria, que es imago similitudinis.Esta semejanza no es común a todos los hombres (I, 93, 4), sino sólo a aquellos que están en gracia de Dios: por lo tanto, el hombre puede adquirir la semejanza, pero también puede perderla. Y Santo Tomás, en la cuestión 93 de la primera parte de la Suma, donde trata expresamente la imagen de Dios en el hombre, sigue enseñando al respecto: el hombre y la mujer son a imagen de Dios en lo que corresponde al alma intelectual y sus potencias, es decir, en lo principal, pero sólo el hombre (vir) lo es en lo que corresponde a los aspectos secundarios. Respecto a esto San Pablo, Palabra de Dios inspirada, afirma que “el hombre es imagen y gloria de Dios, en cambio la mujer es gloria del hombre” porque “no viene el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre; ni fue hecho el hombre por causa de la mujer, sino la mujer por causa del hombre” (1 Cor 11, 7ss).

Por otro lado, cuando Bergoglio, siguiendo a Wojtyla, afirma que un hombre solo, sin mujer a su lado, no es la imagen de Dios, con esto, al mismo tiempo, afirma que ¡el hombre se asemejaría a Dios en ser hombre y mujer! Es decir, ¡Dios sería masculinidad y feminidad!Lo cual repugna no sólo a la Fe, sino también al sentido común, toda vez que, como es obvio a todos, la masculinidad y la feminidad están ordenados a la generación, como leemos en el mismo Génesis, en que Dios ordena a los hombres ser fecundos. Es claro que, tanto Bergoglio como Wojtyla, tienen la intención de incluir el elemento femenino en la divinidad. En efecto, Wojtyla, en la mencionada Carta a las Familias (n. 7), altera las palabras divinamente reveladas de San Pablo (delito gravísimo, puesto que no está permitido al hombre quitar, alterar o agregar nada en las Escrituras) con su paráfrasis “del cual toda paternidad y maternidad toma nombre”; si vamos a Efesios 3, 14s, en vano encontraremos allí el término “maternidad”. Dios, que es puro Espíritu, no es sexuado, ni macho ni hembra; sin embargo, no es casualidad que Dios se haya revelada al hombre como Padre y no como Madre; y la segunda persona, el Hijo y no la Hija, se haya encarnado en un hombre de sexo masculino, Jesucristo, nuevo Adán y no nueva Eva.

Ahora, ¿a qué obedecen estas “enseñanzas” de Bergoglio/Wojtyla? ¿qué pensar de su insistencia en agregar la “feminidad” a Dios, dualidad divina que serían tan necesaria para su imagen en el hombre? Sin recurrir a explicaciones teológicas, en lo inmediato, esta “enseñanza” es una concesión al feminismo modernista, que impera hasta en el campo teológico; incluso, la Pontificia Comisión Bíblica ha reivindicado en un documento una necesaria “exégesis feminista” de la Biblia, que fue presentado oficialmente por Ratzinger, reconociendo la “necesidad” de “identificar y corregir algunas interpretaciones corrientes que eran tendenciosas y apuntaban a justificar el dominio del hombre sobre la mujer” (Avvenire, 19 de marzo 1994, p. 16), refiriéndose a los conocidos pasajes de San Pablo (palabra revelada por Dios) cuando habla de la familia: 1 Cor 11, 3-10; 1 Cor 14, 34-35; Ef 5, 22-33; Col 3, 18-19; 1 Tim 2, 11-15; Tito 2, 5; 1 Pedro 3, 1-7 (este último pasaje no sólo es Palabra de Dios, sino, además Magisterio infalible de la iglesia, puesto que son las palabras del primer Papa). Es claro que estas palabras de San Pablo y San Pedro van directamente en contra de los “principios” del modernismo corriente, que son los principios de la nueva iglesia y religión nacidos del “concilio” Vaticano II, principios del liberalismo, común a todos los “papas” post conciliares.

¿Acaso alguien puede pensar que el discurso de Bergoglio estaría de acuerdo con San Pablo y San Pedro? ¿Acaso no los acusaría de misoginia, o de discriminación? El mismo Dios ¿no sería acusado de misoginia y discriminación por Bergoglio feminista? Cabe suponerlo, según los cánones de la iglesia ecuménica que él preside; en cambio, la Iglesia Católica enseña que la subordinación de la mujer al hombre no significa que ella tenga cualidades menores, o que, en el orden de la gracia, la mujer no pueda ser superior al hombre y más santas que él. De hecho, la criatura más elevada en gracia es la llena de gracia, una mujer, la Santísima Virgen María.

Y bien, llegamos a la íntima unión del maestro Wojtyla con su discípulo aventajado Bergoglio. En efecto, nuevamente, Wojtyla escribe en su Carta por El año de la familian. 6: “Esta es la primera afirmación [de San Pablo en su Carta a los Efesios, n.d.r] de la igual dignidad del hombre y de la mujer: ambos, igualmente, son personas”. Sin embargo, contra Wojtyla/Bergoglio, si todos los hombres son personas, no se sigue de esto que no deban existir relaciones jerárquicas entre ellos, por mucho que se quiera establecer sólo relaciones de igualdad,aún cuando se recurra a la “igual dignidad de la persona, común a los hombres”.

Sin embargo, la sola motivación feminista de Bergoglio/Wojtyla no basta para explicar esta extraña exégesis; en efecto, ésta obedece profundamente al trasfondo filosófico del personalismo, propio del espíritu del Vaticano II y del “magisterio” sucesivo: “Dios (Persona, de hecho, tres Personas) es, según lo repite Avvenireconjuntamente, padre y madre”, o sea, el Andrógino primitivo del esoterismo. A la base del personalismo bergogliano y wojtyliano encontramos una monstruosa y anormal concepción de la dignidad de la persona humana, dignidad tan recurrente y obsesiva en Bergoglio, dignidad que, según Wojtyla en su Carta, deriva del “concilio” Vaticano II que “hace referencia a la imagen y semejanza divina que todo ser humano ya posee por sí mismo”(n. 8), contrariamente a Santo Tomás, como hemos visto más arriba, según el cual la semejanza con Dios, imago recreationis, es dada sólo por la Gracia santificante, la cual no es poseída por todos los hombres, y aún menos “por sí mismos”; y también, dice Wojtyla, porque “con la Encarnación el Hijo de Dios se ha unido con todo hombre” (GS n. 22), de nuevo contrariamente a Santo Tomás, es decir, prescindiendo de la Gracia; y, además, continúa Wojtyla, de acuerdo al “concilio” que dice “el hombre, que sobre la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma”(es decir, el hombre no está ordenado, finalizado, a Dios, sino a sí mismo) explicando en su Carta que “Dios quiere al hombre como un ser similar a sí, como persona. Este hombre, todo hombre, es creado por Dios ‘por sí mismo’…quiere al hombre finalizado a sí mismo. Dios consigna al hombre a sí mismo” (n. 9) …la persona jamás puede ser considerada como un medio para lograr un fin; jamás, sobre todo un medio de ‘provecho’. La persona es y debe ser solo el fin de todo acto. Solamente entonces la acción corresponde ‘a la verdadera dignidad’ de la persona (n. 12). Luego, así de tan grande es la dignidad de la persona humanatambién para Bergoglio; tan grande que jamás es un medio, siempre un fin. La monstruosidad de esta idea está en el hecho de que ¡esta es precisamente la definición del fin último, o sea, de Dios! Es decir, ¡el hombre ni siquiera estaría finalizado a Dios! En todo caso es el mismo Wojtyla quien lo afirma explícitamente en Amor y Responsabilidad(p. 19). ¿Qué dice, en cambio, Santo Tomás? El Doctor Común de la Iglesia nos recuerda que “Dios es la causa final de todas las cosas” (I, 44, 4) pues la Palabra revelada en las Escrituras dice “El Señor ha hecho todas las cosas POR SÍ MISMO” (Prov 16, 4) y, contra la mencionada herejía del “concilio” Vaticano II y de Wojtyla y Bergoglio, está la condena del auténtico Concilio Vaticano de 1870, Sesión III, cap. I con la siguiente definición: “Quien negase que el mundo fue creado PARA GLORIA DE DIOS[el énfasis es mío], sea anatema”. Por lo tanto, es Dios (no el hombre) el fin del “mundo y de todo lo que contiene, espirituales y materiales…” (Ibíd.), por lo tanto, también de las personas humanas; luego, el hombre es un medio (no un fin para sí mismo) de la Gloria de Dios.

Hemos visto, contra Bergoglio, que la dignidad de la mujer no consiste en ser colocada al mismo nivel que los hombres, en cuanto a los aspectos secundarios divinamente revelados por San Pablo en los pasajes anteriormente mencionados. Específicamente, en cuanto a la dignidad de la persona humana, de acuerdo con la doctrina auténticamente católica, hay que decir que un hombre que no realiza el fin para el cual ha sido creado, sintetizado por San Ignacio en “alabar, reverenciar y servir a Dios, y mediante esto salvar su alma”, no procura la gloria de Dios y, con su pecado, decae de su dignidad, propiamente derivada de Dios. Y, nuevamente Santo Tomás: “Con el pecado el hombre abandona el orden de la razón, por lo cual decae de la dignidad humana…degenerando en la servidumbre de las bestias…de hecho, un hombre malvado es peor y más nocivo que una bestia”(Suma de Teología II-II, 64, 2 ad 3). Sin embargo, sobre este aspecto negativo del hombre no hay rastros de la “enseñanza” del Sr. Bergoglio. Por lo tanto, en sí misma, la dignidad del hombre, criatura racional y libre, radica en la conservación en el estado de Gracia santificante, sin pecado mortal; no en condiciones meramente naturalísticas, como las proclamadas igualdades sociales, levantadas por el espíritu de revolución, la masonería, el liberalismo, el pluralismo y el humanismo.

Y Bergoglio termina diciendo “Y un hombre sin mujer a su lado…no es la imagen de Dios…porque sin ella los hombres no podemos ser imagen y semejanza de Dios”. Esta afirmación es muy bizarra, jamás escuchada de un Papa de la Iglesia católica, descolgada de una catequesis totalmente extravagante y extraña al catolicismo, que hunde sus raíces, incluso, en el Catecismo Judío. En efecto, una página del catecismo hebreo tiene un impresionante parecido con esta “catequesis” de Wojtyla/Bergogio: Igualdad absoluta entre hombre y mujer (actualmente lo vemos a diario ante nuestros ojos mediante un incesante bombardeo de los medios sobre la campaña feminista); el fundamento de esta igualdad es el andrógino primitivo, pues Dios creó a Adán macho y hembra; la separación de este andrógino sucedió para que no seamos iguales a Dios, que también es, por lo tanto, hombre y mujer, padre y madre, el Andrógino primitivo de los cabalistas; luego, el hombre y la mujer, tal como lo quiere el “católico/hebreo” Bergoglio, encuentran su plena semejanza con Dios y su unidad primitiva en la unión conyugal…definitivamente, esta NO ES LA VOZ DE LA IGLESIA CATOLICA

¿Y qué diremos del celibato sacerdotal si, para Bergoglio, el hombre sin una mujer no refleja la imagen de Dios? Pues, diremos que Wojtyla /Bergoglio profesan un total desprecio por el celibato y por el sacerdocio; tal parece que, para Bergoglio, un hombre sin una mujerpermanezca incompleto, un medio hombre. Lástima que el perfeccionamiento personal del individuo, enseña la doctrina católica y los consejos evangélicos de Jesucristo (Mateo 19:12; 1Corintios 7:8; 1Corintios 7:38) se puede obtener aún mejor, en el estado de virginidad y de celibato virtuoso. ¿Cómo no traer a colación, a propósito del aberrante consejo de Bergoglio,  la “enseñanza” del evolucionista (por lo tanto, ateo) Teilhard de Chardin, jesuita y modernista, como Bergoglio, cuando dice, por ejemplo: “El hombre elemental permanecería incompleto si, en el encuentro con el otro sexo, en la atracción céntrica de persona-a-persona, él no se inflamase”, “entre un matrimonio socialmente polarizado hacia la reproducción, y una perfección religiosa siempre presentada, teológicamente, en términos de separación, una tercera vía (no digo media, sino superior) no falta, ciertamente…”  de Le Féminin ou l’unitif(1950). Y bien, después del “concilio” Vaticano II, las ideas de Teilhard de Chardin penetraron en los seminarios, donde viene enseñada “la integración afectiva sacerdotal”, “la oblatividad (la tendencia a donarse)”, es decir, “el tercer rostro de la sexualidad”, rostro que los sacerdotes y seminaristas debieran desarrollar para madurar en su propia sexualidad. Ya podemos captar algunos de los antecedentes que, junto a la persistente predicación de la eliminación del pecado original y sus efectos en el ser humano, del pecado, del juicio y del infierno, por el Novus Ordo, han dado luz verde a los desórdenes sexuales actuales entre el clero modernista.

CONCLUSIÓN

 Para concluir, volvámonos a la clara y segura voz de la Santa Madre Iglesia, que se sonaba inequívoca hasta la muerte de Pío XII. Por ejemplo, escuchemos a un verdadero Papa y, además, Santo, San Pío X, hablando de los modernistas con la infalibilidad del auténtico Magisterio, en su magistral Encíclica Pascendi: “Tales hombres [los modernistas] se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Perono se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro. Este grandísimo Papa, en 1907 ya veía hacia adelante lo que se avecinaba y habría de padecer nuestra Santa Iglesia a causa de los modernistas; primero infiltrada, luego logrando un “concilio” largamente esperado por ellos, el Vaticano II, y, finalmente, en nuestros propios tiempos, en poder de nuestros lugares santos, seminarios, universidades, colegios, institutos, Curia Romana, y hasta sentados en la misma Sede de Pedro; lugares católicos desde donde, con estilo enrevesado, propio del modernismo, esparcen sus errores a los fieles y el mundo entero.


“Christus vincit, Christus regnat et Christus imperat”

El “Pueblo de Dios” Bergogliano

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El 31 de Mayo de 2018, Francisco/Bergoglio dirigió una carta titulada “Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile”. Sobra decir que el estilo difuso y confuso del texto, propio de un modernista en descampado, está plagado de formas y expresiones totalmente ajenas al estilo claro y bien definido que es propio de la Iglesia.

Pero, ¿qué es el “Pueblo santo de Dios” para Bergoglio? Al dirigirse al “Pueblo de Dios” ¿se está dirigiendo, inequívocamente, a los miembros de la Iglesia católica? Para encontrar la respuesta hay que remitirse a las fuentes autorizadas de la nueva religión que encabeza Bergoglio, es decir, al “concilio” Vaticano II y al Catecismo de 1983; entonces descubriremos el error de la “nueva eclesiología” impuesta por el “magisterio” modernista.

Es necesario, en primer lugar, exponer los principios superiores, que emanan de esas mismas fuentes y que están en la base de las nuevas enseñanzas. En efecto, el primer principio modernista, fijado por el Vaticano II es: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”(Gaudium et Spes, n. 22), principio precisado por Wojtyla de la siguiente manera: “…están incluidos [los hombres]en el gran y único diseño de Dios, en Jesucristo ‘que, en cierto modo, se ha unido con todo hombre’ (GS, n. 22) aún cuando no sea consciente” (Discurso a la Curia Romana sobre el Encuentro de Asís. 22 de diciembre 1986): es decir, toda la humanidad, a pesar del pecado, permanecería unida a Dios; cada persona individual estaría inconscientemente unida a Cristo, sí, ¡cada ser humano! El segundo gran principio de la hoja de ruta modernista con relación a nuestro tema es: “La única Iglesia de Cristo…subsiste en la Iglesia Católica (Lumen Gentium, n. 8), proposición totalmente opuesta a la definición infalible de Pío XII en Mystici Corporis, en la cual Papa Pacelli afirma que la Iglesia de Cristo, el cuerpo Místico de Cristo, “es” (no subsiste en) la Iglesia Católica; luego, lo que subsiste en algo, también podría subsistir en otra cosa, en este caso también en las sectas protestantes o en los cismáticos ortodoxos, por ejemplo.

La necesidad de esos “nuevos principios eclesiológicos” impuestos por el Vaticano II, lo sabemos, obedece al largamente añorado plan de los modernistas por implantar el “Ecumenismo” como, de hecho, se afirma en Unitatis Redintegratio II. 6: Esta reforma, pues, tiene una extraordinario importancia ecumenista…Muchas de las formas de la vida de la Iglesia…hay que recibirlas como prendas y augurios que felizmente presagian los futuros progresos del ecumenismo”.Y, así, en los textos de ese mismo “concilio” encontramos:

  • “Así, pues, de todas las gentes de la tierra se compone el Pueblo de Dios, porque de todas recibe sus ciudadanos, que lo son de un reino, por cierto, no terreno, sino celestial”(Lumen Gentium, II. 13)
  • “Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios, que prefigura y promueve la paz y a ella pertenecen de varios modos y se ordenan, tanto los fieles católicos como los otros cristianos, e incluso todos los hombres en general…”(Lumen Gentium, II. 13)
  • “Los que todavía no recibieron el Evangelio, están ordenados al Pueblo de Dios por varias razones. En primer lugar, por cierto, aquel pueblo a quien se confiaron las alianzas y las promesas y del que nació Cristo según la carne (cf. Rom., 9,4-5); pueblo, según la elección, amadísimo a causa de los padres; porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables (cf. Rom., 11,28-29). Pero el designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que confesando profesar la fe de Abraham adoran con nosotros a un solo Dios, misericordiosos, que ha de juzgar a los hombres en el último día. Este mismo Dios tampoco está lejos de otros que entre sombras e imágenes buscan al Dios desconocido…”(Lumen Gentium, II. 16)
  • “Todo esto [bienes con que la Iglesia se edifica y vive],que proviene de Cristo y a El conduce, pertenece por derecho a la única Iglesia de Cristo[que es mayor que la Iglesia católica](Unitatis Redintegratio, I. 3)
  • “Creemos que el Señor entregó todos los bienes de la Nueva Alianza a un solo colegio apostólico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al Pueblo de Dios(Unitatis Redintegratio, I. 3)

Por otra parte, el Catecismo de 1992 de Juan Pablo II, enseña:

  • 2.3.816.- Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en [“subsistit in”] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él” (Lumen Gentium, n. 8)
  • 2.3.816.- El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: “Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios” (Unitatis Redintegratio, n. 3)
  • 2.3.818.- Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas “y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos… justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor” (Unitatis Redintegratio, n. 3)
  • 2.3.832.- Esta Iglesia de Cristo [que es mayor que la Iglesia católica]está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias… En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor
  • 2.3.838.- La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro” (LG 15). “Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica” (Unitatis Redintegratio, n. 3)
  • 2.3.839.- Los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados al Pueblo de Dios de diversas maneras (judíos, musulmanes, religiones no cristianas)
  • 2.1.1267.- El Bautismo incorpora a la Iglesia. De las fuentes bautismales nace el único pueblo de Dios de la Nueva Alianza.
  • 2.1.1271.-El Bautismo constituye el fundamento de la comunión entre todos los cristianos, e incluso con los que todavía no están en plena comunión con la Iglesia católica: “Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica… justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia Católica como hermanos del Señor” (UR 3). “Por consiguiente, el bautismo constituye un vínculo sacramental de unidad, vigente entre los que han sido regenerados por él” (Unitatis Redintegratio, n. 22)

Además, en el Código de Derecho Canónico de 1983 de Wojtyla, leemos:

  • 22, 1, 204

o  § 1. Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el pueblo de Dios, y hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo.

o  § 2.   Esta Iglesia, constituida y ordenada como sociedad en este mundo, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él.

  • 2, 2, 383

o  § 3.    [El Obispo] debe mostrarse humano y caritativo con los hermanos que no estén en comunión plena con la Iglesia católica, fomentando también el ecumenismotal y como lo entiende la Iglesia.

Volvemos a preguntar, entonces, ¿Qué es el “Pueblo santo de Dios” para Bergoglio? Cuando él se dirige al “Pueblo de Dios” ¿se está dirigiendo acaso a los miembros de la Iglesia católica?

Para responder a la luz de la doctrina impuesta por el “magisterio” conciliar, y post-conciliar, que acabamos de señalar más arriba, bastaría con decir que Bergoglio no sólo no ha rechazado el Concilio Vaticano II, sino que, además, al igual que todos sus predecesores, a partir de Pablo VI, lo aplica fielmente en sus actos y palabras; esto, por sí sólo ya sería suficiente para demostrar que Bergoglio se aparta absolutamente de la Fe católica en su concepción sobre la Iglesia, único Pueblo santo de Dios; sin embargo, al respecto, podemos adjuntar algunas de sus propias  declaraciones; por ejemplo:

  • 7 DE MARZO DE 2015. Al conmemorar el 50º aniversario de la primera vez que un Papa celebró la Misa en lengua vernácula después del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco dijo: “No se puede volver atrás…Fue realmente un movimiento valiente de la iglesia para acercarse al pueblo de Dios…”.   (REPORTERO CATÓLICO NACIONAL)
  • 18 DE NOVIEMBRE DE 2016. Cuando se le preguntó acerca de los críticos que acusan al Papa de “Protestantizar” la Iglesia Católica, Francis dijo: ‘No pierdo el sueño por ello’. Insistió en que sigue el modelo del Concilio Vaticano II(LA STAMPA/NATIONAL CATHOLIC REPORTER/AVVENIRE)
  • 24 DE AGOSTO DE 2017. El Papa Francisco dice con autoridad magisterial: La reforma litúrgica del Vaticano II es irreversible’(REVISTA AMÉRICA)
  • 9 DE OCTUBRE DE 2017. El derecho canónico debe servir a la visión de la Iglesia del Vaticano II, dice el Papa – En un mensaje a una conferencia de derecho canónico en Roma, el Papa Francisco dijo que el derecho canónico puede y debe ser un instrumento para implementar la visión del Concilio Vaticano II. Dijo que debería promover “la colegialidad; la sinodalidad en el gobierno de la iglesia; la valoración de las iglesias particulares; la responsabilidad de todos los fieles cristianos en la misión de la iglesia; el ecumenismo; la misericordia y la cercanía como principio pastoral primario; la libertad religiosa individual, colectiva e institucional; un secularismo saludable y positivo; (y) una colaboración saludable entre la iglesia y la sociedad civil en sus diversas expresiones”. (CRUX)

Luego, está claro que también Bergoglio aplica a ultranza el espíritu y la letra del “concilio” Vaticano II a la Iglesia. Y ¿por qué es importante insistir en esto? Pues, porque, como lo he señalado en otras ocasiones, el “concilio” Vaticano II significó, y significa” un cambio substancial para la Iglesia católica; inauguró y definió otra religión, otra “iglesia”, por lo tanto, otra “fe”, otra naturaleza, otro culto y liturgia, otra legislación, otros sacramentos, otro “sacerdocio”, otro fin.

Ahora bien, en cuanto al “Pueblo de Dios”, a la luz de los testimonios de las propias fuentes del “magisterio” modernista citados más arriba, hay que decir que, ni para el “concilio”, ni para el Código de Derecho Canónico de 1983, ni para el Catecismo de 1992, ni para los “papas conciliares” predecesores de Bergoglio, ni para Bergoglio, el Pueblo de Dios coincide exactamente con los miembros de la Iglesia católica, Cuerpo Místico de Cristo, la sola Iglesia por Él fundada, como enseña la doctrina católica bimilenaria. Y, así, citemos, como ilustración, una vez más, las propias palabras de Bergoglio, por ejemplo:

  • 9 DE JULIO DE 2014. En un almuerzo privado, el Papa Francis le dijo a Brian Stiller de la Alianza Evangélica Mundial: “No estoy interesado en convertir a los evangélicos al catolicismo…”  (ALIANZA EVANGÉLICA MUNDIAL)
  • 16 DE NOVIEMBRE DE 2015. En una emotiva visita ecuménica a la iglesia evangélica luterana de Roma el pontífice manifestó: ¿No tenemos el mismo Bautismo? Y si tenemos el mismo bautismo, debemos caminar juntos. (REPORTERO CATÓLICO NACIONAL)
  • 30 DE NOVIEMBRE DE 2015. Uno de los valores más grandes es la fraternidad entre nosotros. Todos somos hijos de Dios.Tenemos el mismo padre.
  • 7 DE ENERO DE 2016. En el primer video de oración, el Papa Francisco dice: ‘Muchos piensan diferente, sienten diferente, buscan a Dios o se encuentran con Dios de diferentes maneras. En esta multitud, en esta gama de religiones, sólo hay una certeza que tenemos para todos: todos somos hijos de Dios“. (AGENCIA DE NOTICIAS CATÓLICA)
  • 18 DE ENERO DE 2016. El Papa Francisco saluda a la delegación ecuménica – dijo el Papa Francisco a la Delegación Luterana de Finlandia -‘De manera especial, podemos agradecer al Señor por los frutos del diálogo entre luteranos y católicos. Pienso en particular en el documento común sobre la justificación en la vida de la Iglesia.Construyendo sobre estos cimientos, vuestro diálogo está haciendo progresos prometedores hacia una comprensión compartida, a nivel sacramental, de la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio”.  (NOTICIAS.VA)
  • 1 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco dijo: ‘Hay un pecado muy grave contra el ecumenismo: el proselitismo’[léase: conversión]
  • 13 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco también dijo al grupo [de luteranos alemanes] que el proselitismo era una amenaza potencial para la unidad cristiana, diciendo: ‘Lo último que deben hacer, es decir, convencer’. No está bien convencer a alguien de tu fe. El proselitismo es el veneno más fuerte contra el camino del ecumenismo”.(VATICAN/AP PHOTO/ROME REPORTS/ANSA)
  • 31 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco y el Obispo Mounib Younan, Presidente de la Federación Luterana Mundial firmaron una Declaración Conjunta el 31 de octubre de 2016 en la que católicos y luteranos se comprometieron a continuar su diálogo a fin de eliminar los obstáculos que les impiden alcanzar la plena unidad: “…Debemos reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división nos distanció de la intuición primordial del pueblo de Dios, que naturalmente anhela ser uno…”
  • 2 DE MAYO DE 2017. El Papa Francisco ha invitado a miles de carismáticos católicos y miembros de iglesias pentecostales y evangélicas a Roma para celebrar Pentecostés. (SERVICIO CATÓLICO DE NOTICIAS)
  • 19 DE OCTUBRE DE 2017. El Papa Francisco elogia a Juan Wesley (Fundador de los Metodistas) – El Papa Francisco dijo que su ejemplo convirtió a mucha gente a Dios. No podemos dejar de regocijarnos’ cuando el Espíritu Santo obra a través de otras denominaciones cristianas, añadió el Papa, ya que también nos ayudan a acercarnos más al Señor. Sin embargo, concluyó diciendo que no podemos crecer en santidad sin “crecer en comunión”.
  • 15 DE ABRIL DE 2018. Hablando con los niños que asisten al catecismo de San Paolo della Croce, el Papa Francisco dijo: “Todos somos hijos de Dios, todos, incluso los no bautizados, sí, incluso los que creen en otras religiones, o los que tienen ídolos…” (LA STAMPA)
  • 24 DE MAYO DE 2015: “Tengo ganas de decir algo que puede sonar controvertido, o incluso herético, tal vez. Pero hay alguien que “sabe” que, a pesar de nuestras diferencias, somos uno. Es él quien nos persigue. Es él quien persigue a los cristianos hoy, él quien nos unge con (la sangre del) martirio. Sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le importa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos o apostólicos… ¡no le importa! Son cristianos“. (MENSAJE DE RADIO VATICANO)

Conclusión.

 El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue concebido con un único fin: consagrar el ecumenismo, es decir, eliminar el dogma católico para tender a una única religión mundial. Ya Dom Beauduin (1873-1960), un benedictino modernista maniático del “ecumenismo”, antes del “concilio”, había declarado. “De lo que tenemos necesidad es un Papa que convoque un Concilio y consagre el ecumenismo”.Y también fue él que desarrolló la distinción entre Cuerpo Místico de Cristo e Iglesia Católica Romana, siendo la primera la Iglesia General de Cristo, más amplia que la Católica, es decir, es el concepto doctrinal de la nueva eclesiología del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium) que más arriba hemos mencionado, y tan querido por Juan Pablo II: mediante su encarnación Cristo se ha unido con todos los hombres, por lo tanto, todos los hombres son miembros del Cuerpo Místico. En este sistema, que es, como hemos visto, el sistema de Bergoglio, el rol de la Iglesia no es el de buscar la conversión de las personas, de tal forma que renuncien a sus errores y abracen la verdad en el catolicismo (acto repugnante para el modernista Bergoglio, crimen atroz llamado por él “proselitismo”), sino el de hacerlas conscientes de su irrenunciable incorporación a este gran Cuerpo Místico humanitarístico universal, del cual la Iglesia católica, en realidad el único y verdadero Pueblo de Dios, no es sino sólo una parte.

Luego, antes del “concilio Vaticano II”, ningún no-católico era considerado un fiel de Cristo, porque quien se separa de la Iglesia está separado de Cristo. Este dogma católico no es verdad para Bergoglio, para quien, el “Pueblo de Dios” es, simpliciter, toda la humanidad que, lo sepa o no, está unida a Cristo en virtud de la encarnación del Verbo.


“Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat!”

 

La Jerarquía del “Novus Ordo” ¿Ha perdido la Autoridad?

Berríos-Ezzati     

     Recientemente, un sacerdote chileno, Felipe Berríos, desde el interior de la organización modernista que comúnmente es llamada “Novus Ordo” y que, desde el Concilio Vaticano II, ocupa las dependencias de la Iglesia Católica y habla en su nombre, ha declarado en Radio Cooperativa que el arzobispo De Santiago “ha perdido autoridad”; y lo dice a propósito de los abusos sexuales de clérigos chilenos contra niños. 


     A este respecto hay que decir, en primer lugar, que toda autoridad viene De Dios (Rm 13,1, no de abajo (pueblo) y, en el caso de la Iglesia, la Autoridad viene directamente de Cristo al Papa (y sólo a él) y a los Obispos por medio del Papa; además, el objeto de toda autoridad es el bien común de los súbditos.

     Dicho lo anterior, ¿qué hay de la autoridad en la Iglesia actualmente? El pecado personal de los malos miembros de la Iglesia no necesariamente conlleva la pérdida de la autoridad o del oficio. En la historia de la Iglesia hubieron muchísimos clérigos que escandalizaron con muchísimas conductas inmorales, pero permanecieron fieles a la Fe católica y al oficio. 


     El problema de la autoridad en la Iglesia hoy es de otro orden y de una importancia muchísimo mayor; en efecto, hay que decir directamente que la Iglesia se encuentra en estado de privación de la Autoridad, al menos desde el 8 de diciembre de 1965, fecha de promulgación de los documentos del Concilio Vaticano II por Pablo VI. Y sí, ninguno de los “papas”, con seguridad desde esa fecha, han podido recibir de Cristo la autoridad para gobernar la Iglesia en Su Nombre, debido a la falta de intención, demostrada externamente de manera habitual y objetiva, por parte de ellos para recibirla. 


    En primer lugar, ni la desean, ya que todos ellos estimaron y estiman que el Papado es un obstáculo para llevar adelante su programa estrella, el Ecumenismo; en segundo lugar, porque han puesto y ponen un obstáculo real para recibirla, toda vez que no tienen la intención de realizar el bien y el fin de la Iglesia, que es la Gloria de Dios con el Santo Sacrificio (que para ellos es una Cena protestante) y la salvación de las almas mediante la enseñanza de la doctrina católica y la condena del error y la herejía, la santificación de los fieles por medio de los Sacramentos (en este momento no hay ninguno de ellos válidos, excepto el bautismo) y la disciplina. Nada de esto ocurre con los “papas” conciliares; a nadie se le oculta que el bien y el fin de ellos es otro, pertenece a otra iglesia y a otra religión; de hecho, impulsan las reformas del Vaticano II; sólo para nombrar algunas de las herejías: El Ecumenismo, la Eclesiología del “subsistit in”, libertad religiosa, la colegialidad en el gobierno de la Iglesia, etc. 


     De modo que los católicos estamos actualmente privados de Autoridad, reducidos a un puñado de obispos, sacerdotes y fieles que resisten; la Iglesia misma se encuentra reducida sólo a la Missio (la Misa “non una cum”) y la santificación de los fieles) y a la sola materialidad de la sucesión apostólica en las Sedes (sólo con facultad legal de elección, pero sin jurisdicción ni infalibilidad en acto). 


     Así que, la supuesta falta de autoridad, imputada por Berríos a Ezzati, no se deriva sólo de supuestas faltas morales, sino, sobre todo y esencialmente, de estar en comunión con Bergoglio (como toda la jerarquía) que no posee la Autoridad de Cristo y persigue un bien y un fin opuesto al de la Iglesia Católica, única y verdadera Iglesia de Cristo.


“Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat!”

Crisis en la Iglesia Católica: ¿Dónde buscar?

     El día 02 de agosto el canal de televisión CNN Chile transmitió una entrevista realizada por tomas Mosciati a Marcial Sánchez, presentado como experto en temas de la Iglesia, a propósito de la crisis que vive la jerarquía chilena a raíz de los casos de abusos a menores por clérigos chilenos.

     La entrevista es buena; las respuestas, insuficientes, especialmente en el tratamiento de la Fe y de la crisis en la Iglesia católica. De hecho, la Iglesia no es una especie de ONG, que se define por el sólo objetivo de la acción social para mejorar las condiciones de vida de la humanidad. La misión de la Iglesia es la Gloria de Dios, la santificación y la salvación del hombre, básicamente Mt 28, 18ss. Pero, además, el objeto de la misma Fe no corresponde a la facultad volitiva (la acción), sino del intelecto, porque el objeto de la Fe son verdades a las que hay que asentir. De hecho, el objeto de la Fe está definido por el Concilio Vaticano de 1870: “Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se contiene en la palabra De Dios escrita o transmitida por la tradición y que la Iglesia, por definición solemne o por su magisterio ordinario y universal, propone como divinamente revelado” (D 1792).


No me extiendo más sobre esto, pues paso a tratar la crisis. Coincido con el entrevistado en que la pregunta por la pérdida de la fe en la jerarquía, que tiene el cáncer por dentro, desde arriba, es excelente. Pero veamos más de cerca.


La Iglesia, sociedad sobrenatural, está divinamente fundada por Cristo sobre la solemne profesión de Fe de Pedro (Mt 16, 15-19) revelada por Dios; así, la Iglesia, fundada sobre la Verdad divina, inmutable, es también inmutable y no puede cambiar substancialmente. La misma Fe será profesada por los sucesores de Pedro hasta el fin de los siglos. Luego, los católicos nos preguntamos ¿Hay continuidad e inmutabilidad de la Fe de la Iglesia antes y después del Concilio Vaticano II? La respuesta es No; y es la causa de la crisis. Es decir, los papas post conciliares y la jerarquía unida a ellos ya no profesan la Fe católica. El Concilio inauguró una nueva religión y una nueva iglesia. Por ejemplo, algunas herejías entre tantas (proposiciones anteriormente ya condenadas infaliblemente por la Iglesia) son:

1. La primera herejía del Vaticano II: El ecumenismo (cf. Unitatis Redintegratio Nº 3); en efecto, el concilio declara que HAY salvación fuera de la Iglesia Católica y que las religiones no católicas otorgan la salvación a sus seguidores. La Iglesia, en cambio, enseña como dogma de Fe definida que fuera de la Iglesia católica NO HAY salvación.
2. La segunda herejía del Vaticano II: La libertad religiosa (cf. Dignitatis Humanae Nº 2); la Iglesia Católica, profesando ser la única, verdadera Iglesia fundada por Jesucristo, condena la idea de que todas las religiones tienen la misma libertad y los mismos derechos, y enseña que el hombre, por estricto deber, está obligado a pensar correctamente sobre Dios y la religión. La doctrina de la libertad religiosa enseñada por el Vaticano II es una herejía solemnemente condenada por Papa Pío IX.
3. La tercera herejía del Vaticano II: La nueva eclesiología, contenida en Lumen Gentium. La Iglesia Católica enseña que la Iglesia Católica, y sólo ella, es la verdadera Iglesia de Cristo; luego, toda entidad fuera de ella es una falsa religión. El Concilio Vaticano II alteró esta doctrina con la finalidad ecuménica de incluir otras denominaciones “cristianas” en la Iglesia de Cristo, y dice que la Iglesia Católica No Es la Iglesia de Cristo, aplicando la fórmula “subsist in”, en vez de “ES”; y dice que la Iglesia de Cristo “subsiste en” la Iglesia Católica, pero “no es” la Iglesia de Cristo. Es decir, la Iglesia de Cristo puede también “subsistir” en otras denominaciones, más allá de los límites de la Iglesia Católica.
4. La cuarta herejía del Vaticano II: La Colegialidad, contenida también den Lumen Gentium. Declara que el sujeto del poder supremo en la Iglesia es el Colegio de Obispos. Es una herejía; la Iglesia enseña que es el Romano Pontífice la Cabeza de la Iglesia Católica, proposición definida por el Concilio de Florencia (6-7-1439)

Hasta aquí lo concerniente a la raíz de la crisis en la Iglesia, es suficiente, cabe hacer notar que otro tanto queda por decir con relación a la liturgia, especialmente la Misa, y a la disciplina (el nuevo Código de Derecho Canónico): La raíz de la crisis es la defección total de la Fe Católica “desde arriba”, es decir, la apostasía de la jerarquía sobre la base del Concilio Vaticano II.


“Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat!”

¿Te Deum, aut potius Kyrie Eleison?

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     Hay que decir que el Te Deum, en plenitud, es un himno propiamente católico; este excelso himno data del siglo IV en la liturgia de la Iglesia, vinculado a San Ambrosio, a San Agustín y a Nicetas de Remesiana, mártir. En su quinta estrofa proclama “Te per orbem terrarum Sancta confitetur Ecclesia..” Es decir es la Ecclesia Una, Sancta, Catholica, Apostolica et Romana la que proclama a Dios por todo el orbe de la tierra, y no otra “iglesia” o denominación cualquiera.

     Son pocas las naciones que, como Chile, celebran un Te Deum con motivo de sus fiestas nacionales. En el caso de nuestra Patria, esta tradición se remonta hasta los mismos albores de nuestra vida independiente, celebrándose, también, con motivo de la asunción del mando por un nuevo presidente.

     Dejando los aspectos históricos ¿qué más podemos agregar? Pues, que en el estado actual de las cosas, mucho. De partida, es un abuso adjudicar, asimilar, homologar o analogar, en forma impropia y genérica, cualquier “acción de gracias” de cualquier “iglesia” al único y verdadero Te Deum católico. Hay que decir, por lo demás, que este himno no es, en estricto rigor, un himno de acción de gracias, sino de alabanza.

     Ahora bien ¿tenemos en Chile un Te Deum? La respuesta es NO, y ¿desde cuándo no lo tenemos? Pues a partir del primer Te Deum celebrado con la “misa una cum famulo tuo Papa Nostro Paulo VI” celebrado en Chile según el Novus Ordo Missae promulgado por Montini. Ya nos hemos referido, en este mismo Blog (cfr., el post ¿Por qué la Sede está vacante? 5-3-2014) a las razones que invalidan la “nueva misa” tanto en sí misma considerada como en su específico aspecto de ser celebrada en unión con (“una cum”) los pontífices de la iglesia ecuménica-conciliar; tan sólo recordemos que esta “misa” está hipotecada por los delitos de “sacrilegio” y “cisma”, ya que estos pontífices han impedido la recepción de la Autoridad de Cristo y no son los legítimos Papas de la Iglesia.

     Pero hay más. San Pablo dice “Sine fide autem inpossibile placere credere enim oportet accedentem ad Deum” (Hb 11,6) es decir, sin la fe es imposible agradar a Dios, de modo que aquel que se acerca a Dios debe creer. Luego, todo acto privado o público dirigido a Dios (excepto el infiel que es movido a la Fe por la gracia excitante del mismo Dios) exige la Fe. Y aquí ya estamos en serios problemas. Vemos, así, que un verdadero Te Deum, capaz de llegar hasta el cielo y ser agradable a Dios, necesita “sine qua non” ser celebrado en La Fe y por la sola Iglesia por Él fundada.

     En nuestro Chile, hoy por hoy, se celebran, con motivo de las Fiestas Patrias, dos “Te Deum”: Desde 1975 el llamado Te Deum “Evangélico”, por disposición de Augusto Pinochet, denominado propiamente “Servicio de Acción de Gracias” y, desde 1971, el Te Deum “Ecuménico”, a solicitud de Salvador Allende con el beneplácito del “cardenal” “Novus Ordo” Raúl Silva Henríquez, cuya denominación oficial actualmente es “Oración ecuménica por Chile y su nuevo gobierno”. Así están las cosas. Observamos que NO se habla ya, oficialmente de Te Deum. Esto acontece porque los adherentes a la iglesia evangélica están conscientes de no ser católicos y, por su parte, tanto la jerarquía como los fieles de la iglesia conciliar, también están conscientes de no pertenecer ya a la Iglesia Católica; así que ambos celebran otro rito, al que abusivamente y mediáticamente se le da impropiamente el nombre  de “Te Deum”.

     Ninguna de estas dos “iglesias” ya nombradas tienen la capacidad de elevar a Dios cualquiera de sus ritos, ya que ninguna de ellas es el Cuerpo Místico de Cristo, ninguna de ellas es la sola Iglesia fundada por el mismo Cristo. Ambas son delirantes inventos humanos, creadas por la sola sugestión humana: una, inicialmente, por Lutero y los “reformadores”, la otra por la “jerarquía” modernista. Una, data del siglo XVI, la otra desde 1965, a partir de la promulgación del último documento del concilio Vaticano II. Ambas, condenadas por la Iglesia (Lutero condenado por León X, y la iglesia conciliar fue condenada “en advance” por Pío XI con su Encíclica “Mortalium Animos”). Carecen de la Fe; en efecto, éstas sostienen que no es necesario creer en todo lo que Dios ha revelado, y sostienen, además, que la fe es tan sólo una confianza o un sentimiento personal del corazón: por ej., para la iglesia inaugurada por Lutero y sus denominaciones, la Misa no es un verdadero sacrificio y, entre otras herejías, niegan la transubstanciación de la hostia consagrada en el Cuerpo y Sangre de Cristo, niegan, así, la Presencia Real; a su vez, para la iglesia conciliar-ecuménica, entre otras herejías, niegan que la Iglesia Católica, fundada por Cristo sobre Pedro, sea la Iglesia de Cristo con sus notas visibles (Una, Santa, Católica, Apostólica) sino que ella está compuesta por múltiples iglesias, las cuales, algún día, formarán la “iglesia de Cristo”. Sabemos que quien dice “yo decido creer en esto, pero no en aquello”, ipso facto pierde TODA la Fe sobrenatural, reemplazando la autoridad de Dios que revela por una mera opinión humana; es como decir a Dios “mira, voy a creer sólo en esto y en esto, pero dejaré lo otro (p.ej., el Primado de Pedro) pues creo que te equivocas y me engañas”.

     Luego, ya podemos advertir que nuestra hermosa Patria Chilena no puede, en el estado actual de las cosas, elevar públicamente a Dios  el incienso puro y aromático de la Liturgia agradable al cielo, porque las “liturgias” Evangélicas y Ecuménico-conciliares son simples celebraciones naturalísticas, que en el ámbito naturalista y humanista se quedan; no sólo no glorifican a Dios, sino, además, son aborrecidas por Dios. Sus iglesias son meras organizaciones sociales.

     Por lo demás, me pregunto, ¿qué debiera Chile agradecer a la Santísima Trinidad? ¿Acaso una presencia cada vez más arraigada de Cristo Rey en sus instituciones, leyes, escuelas y hogares? Absolutamente NO; por el contrario, escuchamos sin cesar el eco de aquella grotesca imprecación del  pueblo judío, azuzado por los jefes del Sanedrín y los Ancianos “¡No queremos que éste reine sobre nosotros!”. ¿Qué acto de acción de gracias puede Chile elevar a Dios hoy en poder del más desordenado y galopante liberalismo que postula la absoluta soberanía del individuo y de la sociedad, con entera independencia de Dios y de su autoridad – por lo demás, también condenado por la Iglesia (Pío IX, en numerosos Breves, Alocuciones y, finalmente, en el Syllabus) ¿Qué podemos, digo, agradecer a Dios públicamente cuando profesamos una total apostasía y, como nación, apostatamos abiertamente la Fe?

     Atrás quedaron las recientes Fiestas Patrias, con sus solemnes e impotentes “te hominem”. En verdad más que acciones de gracias deberíamos elevar un profundo Kyrie Eleison, e implorar por misericordia y perdón: “QUÆSUMUS DOMINE DEUS, PROPTER NOSTRAS OFFENSAS NOLI NOS RELINQUERE!”


“Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat!”

“…Son parte de la Iglesia”

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Leemos en “Latest News from NEWS.VA” que Francisco, en su Catequesis de la Audiencia General del reciente Miércoles 05 de Agosto en el Aula Pablo VI, ha enseñado que “los bautizados que han establecido una nueva convivencia después del fracaso matrimonial…no están en absoluto excomulgados…ellos son siempre parte de la Iglesia”.

Esta declaración de Francisco puede abrir un amplio análisis, aun más si consideramos el estado actual de la Iglesia. Sin embargo el tema inmediato es el de la pertenencia a la Iglesia Católica, Cuerpo Místico de Cristo, es decir quiénes son miembros de la Iglesia.

Recurramos al Magisterio infalible, en particular a Pío XII y su Encíclica “Mystici Corporis” del 29-Julio-1943.

“Entre los miembros de la Iglesia sólo se han de contar de hecho los que recibieron las aguas regeneradoras del Bautismo, y, profesando la verdadera fe, no se hayan separado, miserablemente, ellos mismos, de la contextura del Cuerpo, ni hayan sido apartados de él por la legítima autoridad a causa de gravísimas culpas” (n.10)

“Ni puede pensarse que el Cuerpo de la Iglesia, por el hecho de honrarse con el nombre de Cristo, aun en el tiempo de esta peregrinación terrenal, conste únicamente de miembros eminentes en santidad, o se forme solamente por la agrupación de los que han sido predestinados a la felicidad eterna…no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía. Ni la vida se aleja completamente de aquellos que, aun cuando hayan perdido la caridad y la gracia divina pecando, y, por lo tanto, se hayan hecho incapaces de mérito sobrenatural, retienen, sin embargo, la fe y esperanza cristianas…” (n.10)

Ahora, el magisterio de Pío XII es claro y se explica por sí mismo sin necesidad de mayores comentarios. Es decir, el bautizado y casado por la gracia sacramental de un matrimonio válido, y que se encuentra separado y vuelto a casar/convivir, se encuentra en pecado grave, en realidad mortal, y ha perdido la caridad y la gracia santificante (cfr. Mt 19,9; Lc 16,18) pero, en tanto profese la recta fe, esté unido a los legítimos pastores, en especial al Romano Pontífice, y no esté excluido del Cuerpo Místico  legalmente por la Autoridad (excomulgados), es aún miembro de la Iglesia; aunque, según las mismas palabras de Papa Pacelli citando a San Agustín, debe ser considerado como “un miembro enfermo de Jesucristo…Porque no es desesperada la curación de lo que aun está unido al cuerpo, mientras que lo que hubiere sido amputado no puede ser ni curado ni sanado” (n.10)

Esta es la doctrina católica. En realidad la materialidad de la declaración de Francisco es correcta si aplicada a la Iglesia Católica, sin embargo, procediendo de él, no su formalidad – aparte su insuficiencia, puesto que no explica la condición en que se encuentran estos miembros enfermos, ni los efectos, como tampoco las exigencias que deben satisfacer para recuperar la salud como miembros saludables en posesión de la gracia santificante.

No su formalidad porque Francisco:

  • No habla explícitamente de la Iglesia Católica; él habla en todo momento de “la Iglesia”, expresión genérica y no específica.
  • La “iglesia” inaugurada y promulgada oficialmente por el concilio Vaticano II, de la cual Francisco es actualmente la cabeza, NO es la Iglesia Católica puesto que Lumen Gentium n. 8, con fines ecuménicos declara “Esta es la única Iglesia de Cristo…Esta Iglesia…subsiste en la Iglesia Católica. Explícitamente se niega que la Iglesia de Cristo ES exclusivamente la Iglesia Católica y dice que la Iglesia de Cristo es más amplia que la Iglesia Católica, siendo ésta sólo una parte de aquélla.
  • Siendo, para Bergoglio, el Cuerpo Místico de Cristo más amplio que la Iglesia Católica, y siendo, según Gaudium et Spes n. 22 que “Con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido a todo hombre”, entonces no sólo los católicos son miembros del Cuerpo Místico de Cristo sino, en definitiva, toda la humanidad, pues todo hombre está, quiéralo o no, lo sepa o no lo sepa, unido a Cristo en virtud de su Encarnación. Juan Pablo II, “el santo”, en 1986 en Asís, con ocasión de la jornada ecuménica, declaró ante todo el mundo que “El Concilio [Vaticano II] puso en relación la identidad de la Iglesia con la unidad del género humano“, no se puede hablar más claro.
  • Tal como dice Don Curzio Nitoglia en Sodalitium N. 20 ¡”La Iglesia Conciliar [a la cual se refiere Francisco en esta “catequesis” n.d.r] NO es la Iglesia fundada por el Verbo Encarnado; ésta es – por explícita confesión – el templo universal DE TODO EL GÉNERO HUMANO unido misteriosamente al Cristo Cósmico…!

Conclusión

A la luz de lo anteriormente dicho podemos concluir que todo creyente válidamente bautizado y válidamente unido en matrimonio, que profesa la recta fe y está unido al legítimo Romano Pontífice, aunque se encuentre en grave pecado sigue siendo miembro de la Iglesia Católica, aunque con fe informe por la pérdida de la gracia santificante y necesitado de la salud. Al contrario, todo casado, separado y vuelto a casar/convivir, que profese la “fe” conciliar del Vaticano II y se declare en obediencia y reconocimiento de los “papas” conciliares (actualmente Francisco) no es miembro de la Iglesia Católica pero, según Bergoglio, sigue siendo miembro de aquella iglesia que ya no coincide con la Iglesia Católica, y a la cual pertenece toda la humanidad.


Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix, dum verum Papam speramus!

Si en algo falto a la Fe católica ruego de corazón corregirme

Novus Ordo, nova “fides”: Artículo II del Credo. Et in Iesum Christum…

Christ-King

El 2º Artículo de nuestro Credo es “Y creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre; por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo

San Pío X, en la Introducción de la Encíclica “Pascendi Domini Gregis” (E-PDG) sobre las Doctrinas de los Modernistas dice “…en apretada falange [gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes] asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre” (n.1) (El énfasis es mío).

Este es uno de los artículos de nuestra Fe católica más violentamente atacado por los exponentes de la “fe” del Novus Ordo. El estilo, como siempre, abigarrado, nebuloso, pseudo-poético, dificultoso, camuflado, contradictorio, dialéctico-hegeliano, subjetivista, pseudo-doctoral; se citan mutuamente, como si fueran doctores de la ortodoxia. Todo para celar, confundir, propagar y sembrar la cizaña; todo, menos hablar claro; es que hablar claro es hablar la verdad, la sana filosofía, el sentido común, de los principios por sí evidentes (p. ej., la no contradicción, el principio de identidad, etc), de la sana teología, de la sana doctrina; todo lo cual es odiado por los “nuevos teólogos”, y objeto de demolición; como dice San Pío X. ni siquiera respetan la persona de nuestro divino Redentor.


Exempla quaedam: (Los énfasis son míos)

1. Comenzando por el Concilio Vaticano II, patrón y medida del modernismo.

  • Cristo, el Hombre nuevo.” (Título de Gaudium et Spes, n. 22)
  • “Cristo…revela plenamente el hombre al propio hombre…” (Gaudium et Spes, n. 22

2. Joseph Ratzinger.-

  • “No queremos condescendencia: queremos igualdad…Si Dios ha descendido…entonces lo inferior se ha convertido en superior“.– J. Ratzinger, El Dios de Jesucristo, Ed. Pedal, pp. 56, 57
  • “Jesús es el hombre que viene de arriba“.—Ibid., p. 61
  • “…busca a los que están con él [Jesús]…a los que confían en el poder del hombre de arriba y se prestan así a la redención”.– Ibid., p. 61
  • “El artículo de la humanización de Dios es el artículo central del credo cristiano”.– Ibid., p. 65
  • Por él [por Jesús] entró la humanidad en el propio ser de Dios: ese es el fruto de su muerte. Estamos en Dios” y “Dios nos ama de tal modo que su amor se hizo carne y carne permanece”.– Ibid., p. 79
  • “¿Es que no debemos preguntar ya quién era propiamente este Jesús?…Pero ¿qué pasó, qué pasa, si realmente sólo fue hombre como cada uno de nosotros?”– Ibid., p. 81

3. Karol Wojtyla.-

  • “…en el mismo Cristo la humanidad entera y toda la creación hablan de sí a Dios – más aún, se dan a Dios. Todo vuelve así a su principio. Jesucristo es la recapitulación de todo y conjuntamente el cumplimiento de cada cosa en Dios…”.– Juan Pablo II, Tertio Milenio Adveniente., n. 6
  • Para que el hombre llegase a ser Dios, el Verbo asumió la humanidad“.– Ibid., n. 15

 4. Nouvelle Théologie.-

  • “Nunca se impedirá el esfuerzo de la humanidad por integrar a Cristo en una Cosmología: de otro modo Jesús no sería el Verbo”.–Blondel e Teilhard de Chardin – Correspondência comentada por Henri de Lubac, Moraes Editores, Lisboa – São Paulo, 1968, p.59.
  • Massimo Borghesi declaraba que Henri de Lubac, creado cardenal por Wojtyla, estaba totalmente de acuerdo con Teilhard de Chardin (Cfr. Borghesi, “El Itinerario de Henri de Lubac – La Historia como Mística“, 30 Días, Año 7. n. 1).
  • “En Cristo, la Humanidad se eleva hasta la Divinidad. Se podría decir…que la humanidad se adora a sí misma en Jesús…”– A. Loisy, L’ Évangile et L’Église, 263
  • “La teología cristiana ha permanecido decididamente firme en la idea de que el Dios que se revela en Jesucristo subsiste en sí mismo como eterno ser o esencia, cosa que es a la par un eterno devenir y en la idea de que no es posible prescindir ni por un instante de la consideración ontológica de este eterno devenir…debemos hacernos una imagen sobre el “ser” y la “esencia” de Dios por la relación trinitaria de Jesús con Dios. Tal relación se manifiesta en la historia en devenir de Jesús como un eterno devenir“.– Urs von Balthasar, TeoDrammatica, vol. V, L’Ultimo Atto, Jaca Book, Milano, 1995, p. 58. [nominado para cardenal por Wojtyla].
  • “El Cristo es, a un mismo tiempo, el misterio y la revelación del misterio, la totalidad de la revelación y la totalidad del dogma” (Henri de Lubac, Bulletin de Théologie Fondamentale e Problème du Dogme. Recherches de Sciences Religieuses, 1948, n. 35, pp. 156-157)

 5. Y, en fin, el “Príncipe” del Modernismo Conciliar y Post Conciliar.- Karl Rahner.

CURSO FUNDAMENTAL SOBRE LA FE. Versión castellana de R a ú l G a b á s P a l l a s » de la obra de K a r l R a h n e r , Grundkurs des Glaubens, Verlag Herder Kg, Friburgo de Brisgovia 1977. Grado Sexto. JESUCRISTO.-

  • La encarnación se presenta como el principio necesario y permanente de la divinización del mundo en conjunto.—218
  • Jesús es verdaderamente hombre, tiene absolutamente todo lo que pertenece a un hombre, también una subjetividad finita, en la que de manera propia, singular, históricamente condicionada y finita, el mundo llega a sí mismo.—233
  • su Logos hecho mundo y materia.—235
  • Dios es verdaderamente hombre, con todas sus implicaciones, con su finitud, mundanidad y materialidad.—235
  • …la historia en devenir de esta realidad humana ha pasado a ser su propia historia, que nuestro tiempo se ha convertido en el tiempo del eterno y nuestra muerte en la muerte del Dios inmortal.—265-266
  • …lo acaecido aquí, en nuestro espacio, en nuestro tiempo y mundo, en nuestro devenir, en nuestra evolución, en nuestra historia, es exactamente la historia de la palabra de Dios mismo [es decir, el Logos, Jesucristo. N.d.r], su propio devenir.—256
  • …hemos de decir también que el Dios inmutable en sí mismo pudo cambiar en otro, pudo hacerse hombre.—263
  • Lo absoluto, más exactamente, el absoluto… tiene la libertad de devenir lo otro, lo finito mismo; alienándose, entregándose, tiene la posibilidad de poner lo otro como su propia realidad.—264
  • El fenómeno originario dado en la fe es precisamente la propia alienación de Dios, el devenir, la kenosis y génesis de Dios mismo, que puede devenir en cuanto él, al poner lo otro originado, se hace él mismo lo originado.—264
  • el Logos, que se hace criatura.—265
  • Este hombre [el Logos. N.d.r] precisamente como hombre es la propia manifestación de Dios en su propia alienación, pues Dios se manifiesta precisamente cuando se aliena.—266
  • Porque en la encarnación el Logos crea la realidad humana, en cuanto la asume, y la asume en cuanto él mismo se aliena.—268

6. Y la Pontificia Academia Theologica (PATH) 2003/2

  • …una nueva propuesta del cristocentrismo trinitario que es un verdadero teo-antropocentrismo.—280
  • …la reflexión cristiana sobre Dios puede ser definida así: acoger su realidad como se ha revelado en la historia, en la “plenitud de los tiempos”, en Jesucristo.—281
  • …Jesucristo, verdad de Dios y del hombre.—275
  • …el Dios Viviente y Santo…que se dona escatológicamente al mundo en Jesucristo.—276
  • La fórmula del Concilio de Calcedonia ya no es el único eje en torno al cual se organiza la doctrina cristológica.—328
  • Por otra parte esta unicidad de la realidad de Cristo es el fin misterioso de la acción divina en la creación, que Dios ha previsto desde siempre.—332
  • …el Vaticano II [Gaudium et Spes 22, 38, 45] ha indicado que Jesús no es tan sólo un hombre perfecto y completo, sino que es “el hombre perfecto”.—332
  • Porque en él la naturaleza humana ha sido asumida, sin ser por esto anulada, por eso mismo ésta ha sido también en nosotros elevada a una dignidad sublime.—332
  • La encarnación eleva la humanidad, en primer lugar la de Cristo pero inseparablemente también la nuestra, a la más alta dignidad.—333
  • La verdad de Dios y la verdad del hombre no son en Jesús dos verdades separadas, sino una sola verdad filial, que asume la diferencia entre el hombre y Dios.—333
  • El Concilio de Calcedonia afirma la plenitud y la perfección de la humanidad de Cristo justamente porque es la humanidad de Dios. Es la humanidad del Hijo, la expresión en el tiempo de su filiación eterna.—334
  • …un desarrollo hecho posible por las afirmaciones de Calcedonia; de hecho éstas han subrayado la plena consustancialidad de Jesús con nosotros y la plenitud de su ser humano…—336

 Habla Papa Pío XII.

“Va directamente contra la profesión de fe del Concilio de Calcedonia, una conocida doctrina largamente difundida fuera del ámbito de la Iglesia Católica y a la cual dio ocasión aparente un pasaje de San Pablo a los Filipenses (Fil II, 7) arbitraria y erróneamente interpretada. Nos referimos a la llamada doctrina “kenótica”, según la cual, se llega a despojar a Cristo de la Divinidad del Verbo; invención execrable que…reduce a vano nombre e inconsistente todo el misterio de la “Encarnación y de la Redención (Pío XII, Sempiternis Rex, Sobre el Concílio de Calcedonia, n 31).


 Comentario.

Como dice Don Ennio Innocenti (en su libro “Influssi Gnostici Nella Chiesa D’Oggi” Ed., Sacra Fraternitas Aurigarum in Urbe. 2000, p. 63) citando a Cornelio Fabro: “Los nuevos teólogos…vacilan sobre la naturaleza y sobre la misión de Jesucristo, o bien retocan con terminología inmanentista moderna el viejo arrianismo”. Esto expresa bien el trasfondo que está a la base de la “cristología” modernista.

El “credo” del Novus Ordo profesa un Cristo ambiguo, ideado tanto como un mero hombre, aunque excepcional – especie de neo-arrianismo – como un Cristo de matriz gnóstica “vaciado” – kenotizado – ontológica y sustancialmente en la historia y en el cosmos.

He querido tomar una amplia serie de referencias tratando de representar la línea prevalente en ámbito católico a partir, naturalmente, de la Carta Magna del modernismo, a saber los documentos del Vaticano II aunque, como sabemos, esta asamblea sólo plasmó en documentos oficiales la revolución en acto.

La “cristología” fundamental de la nueva religión conciliar, con relación al 2º Artículo del Credo, es insistente en la reducción de la teología en antropología. Podemos advertir en ésta, sobre una base en que confluyen y conviven errores filosóficos y teológicos modernistas condenados por la Iglesia, brillantemente compendiados por San Pío X en la Encíclica “Pascendi” y por Pío XII en su Encíclica “Sempiternus Rex”, una pertinacia neo-gnóstica en la doctrina de la “kénosis” (auto-vaciamiento, auto-alienación), por la cual la divinidad, en un proceso secuencial, ha establecido las relaciones y “creado” las realidades divinas y cosmológicas por medio de un “vaciamiento” de su propia sustancia; lo cual no es sino retocar la doctrina gnóstico-cabalística del Emanacionismo. De modo que Jesucristo ya no sería el Hijo de Dios como el Logos por vía de generación, sino por vaciamiento de Sí mismo y, a su vez, no sería Nuestro Señor puesto que Él mismo, finalmente, se vaciaría en el cosmos y en el hombre “elevándolo y elevándonos” en dignidad consustancialmente: esta es la vía descendente, enriquecida por la inmanente, idealista y “apriorista” doctrina de la “antropología trascendental” de Karl Rahner, y por la doctrina de la “connaturalidad de la naturaleza humana con la Gracia de Henri de Lubac, que hacen de bisagra para la fase ascendente que corresponde a la tesis del movimiento escatológico de la “cristificación final” del cosmos y del hombre de Teilhard de Chardin. Todas estas doctrinas heréticas han sido condenadas infaliblemente por la Iglesia, de modo que no pertenecen al depósito de la Sana Doctrina, pertenecen a una extraña religión, la de la iglesia conciliar, magna secta; los católicos no pueden adherirse a ellas ni observarlas.


 Termino con la traducción de dos pasajes tomados de la obra, en italiano “Jean Guitton ed el Modernismo nel Concilio Vaticano II: Risposta al parere di Brescia” por Orlando Fedeli. 2003:

“Urs von Balthasar habla del abandono de Dios padecido por Jesucristo en la cruz como acto kenótico necesario para divinizar al hombre. En la muerte de Cristo se daría la kénosis crística divinizadota del hombre. Esta kénosis se completaría por la resurrección que cerraría el circuito kenótico retornando la Divinidad a Cristo y a la Trinidad. Esto sería el misterioso “misterio pascual”, el tránsito del hombre del estado actual al estado divino”. Pág. 63

“En otras palabras, Dios sería tan inmanente al hombre, que Dios sería la Historia, y la Historia en vía de kenotización para retornar al Padre. Siendo esto así, la revelación es el conocimiento de Dios como historia. De aquí la importancia que se da a las “señales de los tiempos”, es decir, a la manifestación de Dios en los eventos históricos, eventos por los cuales se realiza la experiencia divina del hombre, en la cual Dios se revela a Sí mismo como realidad al hombre, haciendo que éste conozca a Dios, y conociéndolo, conocer que el hombre es Dios en éxodo, caminando hacia el Padre. Al conocer a Dios en la historia, Dios inmanente al mundo e inmanente al hombre, se conoce también el misterio del hombre. Cristo revela al hombre el misterio del hombre: es decir, que el hombre es Dios en tránsito. Por esto, se podría decir que la revelación es “histórico-salvífica”. Pág. 65

 Y esto es lo que escuchamos día a día en los artículos, libros, prédicas y “homilías” de los portavoces, “catequistas” y “predicadores” de la religión de la iglesia conciliar.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  Una vez más: Ite ad Sanam Doctrinam et Thomam!. Nosotros profesamos claramente: “Credo in unum Dominum Iesum Christum, Filium Dei unigenitum. Et ex Patre natum ante omnia saecula. Deum de Deo, lumen de lumine, Deum vero de Deo vero. Genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem Omnia facta sunt. Qui propter nos homines, et Propter nostram salutem descendit de caelis…”


Virgo Maria, ora pro nobis Sancta Dei Genetrix, dum verum Papam speramus!

“Si en algo falto a la doctrina y fe católicas agradeceré de corazón corregirme”

Novus Ordo, nova “fides”: Artículo I del Credo. Creatio ex nihilo?

Kenosis

“Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible…”

En la entrada anterior manifesté que los católicos nada tenemos en común con la “magna-secta-ecuménica”, encabezada desde 1958 por los ocupantes de la Sede petrina. Podemos continuar ahora confrontando nuestra Profesión de Fe Apostólica y católica con los nuevos contenidos de la “nueva fe”, de la segura mano de nuestro “Doctor Communis”.

El punto-bisagra puede ser la insólita enseñanza de Bergoglio “Dios no existe”, puesto que él sólo cree en cada una de las tres Personas. Si esto es así ¿Qué exégesis nos ofrecerá este “creyente” sobre Juan 1, 1-3 en que Dios revela que “En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho“; además, hay que insistir en que, por la Revelación divina (Locutio-Dei), la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, sabemos que Dios es uno solo en substancia, en tres Personas divinas. Bueno, todo indica que, en la enseñanza de la magna-secta, las cosas no son tan así.

“…en segundo lugar [debemos creer], que este Dios es el creador que ha hecho el cielo y la tierra, las cosas visibles y las invisibles” (Santo Tomás, Credo Comentado, n. 22), cf. Jn 1,3. Además, “Dios, en cambio, es la causa universal de todas las cosas, y no crea sólo la forma sino también la materia; así es que de la nada lo hizo todo” (Santo Tomás, Credo Comentado, n. 25), cf. Gn 1,1.

Aunque el “magisterio” del “Novus Ordo” no se ha referido a esta verdad de Fe católica explícitamente, sin embargo, ya sea por el abandono de la misma Fe (apostasía), o por abandono de la teología católica sobre la base de la sana metafísica aristotélico-tomista, tanto por su permisividad del error, como por el elogio de ciertos autores modernistas de relieve (algunos de ellos elevados al purpurado, como Jean Daniélou, Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar, Yves Congar; además de Karl Rahner y Teilhard de Chardin entre otros), así como por no pocas alocuciones públicas, se  puede decir que la doctrina de la “nouvelle theologie”, aceptada, querida y promovida por los “papas” modernistas, con relación a la Creación (así como, por lo demás, respecto a la Trinidad y a la Redención),  corresponde a la ya “sacrosanta” doctrina evolucionista teilhardiana y a la de una concepción anti-metafísica (en cuanto negación del ser) de corte neo-gnóstico, por momentos manifiesta y por momentos velada.

 Como ya se sabe, ha sido la voluntaria e intencionada ambigüedad del Concilio Vaticano II el hecho que ha consolidado y consagrado los errores de la nueva teología ya condenados en el anterior Magisterio auténtico (p.ej., Pío XII con la Encíclica “Humani Generis“) y dado origen, en este caso con relación al nuevo concepto de la revelación (p. ej., “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo” [DV I, 2]; “Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo…” [DV 1, 6] a la nueva concepción de la Creación. Contra esto hay que decir que la Revelación no consiste en la revelación de Dios en sí mismo, es decir Dios no se ha revelado en su divina esencia, no ha derramado su divina esencia en la creación ni en la historia; absolutamente ¡NO! La divina Revelación consiste en verdades” (Dios no se ha revelado “a Sí mismo”) que el hombre necesita conocer (con su entendimiento) para participar de la vida divina de la Gracia, a la cual estamos todos llamados; de otro modo, si Dios, con la revelación, hubiera vaciado su “res divina” en el mundo, seríamos todos “dioses” desde el nacimiento ¡Absit! sin necesidad de la Redención, como quiere el Concilio Vaticano II (p. ej., Gaudium et Spes n. 22)

– Ecce tenebrae quaedam:

E. Bettiza, refiriéndose al carácter de la teología/filosofía de Juan Pablo II, ha escrito que “su percepción de Dios…es la de un teólogo que ha leído a fondo a Hegel…son los caminos inescrutables del Dios hegeliano que Juan Pablo II conoce bien como filósofo, como teólogo…” (cit., en Sodalitium n. 39, p. 39). Ahora bien, Hegel tenía un verdadero problema con la relación infinito/finito, y decía que ambos se funden en una misma realidad, en un panenteísmo, en una sola identidad, “el infinito es pues la totalidad, el todo único e infinito” (cfr.  La science de la logique., n. 95) y “La superación de la dualidad Infinito/finito se produce al concebir la realidad entera, el Absoluto, como síntesis de lo Infinito en lo finito. La verdadera infinidad consiste en la integración de lo finito en el despliegue del Absoluto como momento interno y necesario” (cfr. La science de la Logique, p. 359). Para Hegel no sólo el infinito y lo finito se resuelven en una misma identidad contradictoria, sino también la Creación y la Divinidad, que son y no son lo mismo a la vez. A la base de esta concepción encontramos la doctrina de la kénosis hegeliana, asumida también, antes de Wojtyla, por algunos de los “padres” del Vaticano II como Rahner y von Balthasar.

Según la “nueva teologia” la Creación es el resultado del total “vaciamiento” (kenosis) de la Trinidad en el mundo. La “kénosis”, por influjo gnóstico-cabalista, ha dado origen, en ambiente “católico”, a la doctrina modernista que toma a San Pablo a la letra en Filipenses 2,7: “αλλ εαυτον εκενωσεν μορφην δουλου λαβων εν ομοιωματι ανθρωπων γενομενος“, que es “sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” y que la Vulgata traduce como “sed semet ipsum exinanivit formam servi accipiens in similitudinem hominum factus et habitu inventus ut homo”. Bueno, he querido incluir el texto original en “koiné” (griego común en el N.T.) para destacar la forma verbal εκενωσεν que, gramaticalmente, es en griego una forma verbal en 3ª sing., aoristo indicativo activo que, para nosotros, es un pretérito indefinido en 3ª persona singular del verbo “κενόω” que significa “vaciar, evacuar, desnudar” (lo curioso es que los modernistas aceptan este término a la letra de buena gana, mientras rechazan otros términos considerándolos meramente simbólicos, como por ej., el fuego del infierno). 

El punto es si acaso, para la “Magna Secta” existe o no distinción entre los conceptos de “creación” y de “revelación”; en otras palabras, si acaso Dios, ontológicamente completo y perfecto en Sí mismo, reveló verdades acerca de Sí mismo (verdades de Fe), o se trata de un “dios” en potencia, incompleto, en búsqueda de su perfección como reflujo “kenótico” de la emanación/creación del mundo, de la historia y del hombre, como quiere el “concilio” con su doctrina de la “semilla del Verbo”. No es tan inmediata una respuesta, toda vez que los “teólogos” inspiradores de la nueva doctrina se expresan en un modo retorcido, confuso, abstruso, esotérico, cabalístico, con un discurso pleno de neologismos, misterioso, en fin, estrategia propia de los herejes, que intentan parecer ortodoxos para esconder sus doctrinas; táctica ya desenmascarada por San Pío X en la Pascendi.

A los modernistas les resulta difícil aceptar que todas las cosas fuera de Dios han sido creadas (no emanadas) por Dios de la nada (no de Sí mismo) y que el acto divino , por el poder infinito de Dios, no requiere materia alguna preexistente (Santo Tomás dice que en las cosas que son creadas primero es el no ser que el ser). También les resulta difícil de aceptar que Dios es acto puro, absolutamente perfecto en Sí mismo, con exclusión de toda imperfección; de modo que no está indigente o necesitado de nada para su perfección, tanto menos de una creación o de una hipotética “hominización” para cerrar un supuesto circuito “kenótico” de la divinidad.

La consecuencia lógica de la doctrina de la kénosis es la negación del ser; Dios no sería Ser, sino “devenir”; devenir que habría comenzado en la misma vida intra-trinitaria: El Padre no es tal sino “vaciándose”  (haciéndose nada) en el Hijo, y éste, a su vez, por amor, se vaciaría en el Padre, y esta relación de mutuo vaciamiento y aniquilación originaría el Espíritu, como amor kenótico; y luego, la Trinidad sólo es tal si se vacía en la Creación, puesto que, como enseña Hegel a Wojtyla “La verdadera infinidad consiste en la integración de lo finito en el despliegue del Absoluto como momento interno y necesario. Este proceso, en fin, prosigue en un “hacerse nada” vaciándose en la Redención. En lo que concierne específicamente a la Creación, para crear el mundo, Dios necesitó anularse, realizar una especie de auto-éxodo (según S. N. Bulgakov, acogido y admirado por el Vaticano modernista). Ya podemos advertir el carácter críptico de la “nouvelle theologie”, en comparación con la diafanidad y solidez tomista. Así pues, “la Creación habría sido un éxodo de la ‘ousia’ – de la substancia divina – una emanación” (Cfr. Fedeli, Orlando – “Jean Guitton ed il Modernismo nel Concilio Vaticano II: Risposta al parere di Brescia”).

Orlando Fedeli, en su ensayo, dice que H. U. von Balthasar, creado cardenal por Wojtyla, hace suya la influencia de Hegel y de Bulgakov acerca la doctrina de la kénosis de Dios al crear el mundo. La Creación, pues, para la magna secta, se explica por la kénosis de Dios, que ya no habría traído a la existencia a los seres finitos desde el no ser, sino como producto de su propia emanación/vaciamiento. La teología natural pierde su sentido en cuanto conocimiento de la existencia de Dios y de algunos de sus atributos a partir de los vestigios de la Creación (como sucede al conocer la causa a partir de sus efectos); para la doctrina modernista se trata del mismo Dios, vaciado en las creaturas divinizadas (sin necesidad de la gracia), tal como nos lo quiere enseñar el concilio de Juan XIII y Pablo VI en la Gaudium et Spes (n. 22).

A partir de estas premisas, a saber, que la Creación es manifestación de Dios en Sí mismo, y que la Divinidad no es un Ser sino un devenir kenótico, sólo podemos esperar el proceso evolucionista de este panenteísmo. Porque todo este movimiento perfectible tiene una dirección y un fin. Bueno, citando a O. Fedeli, Teilhard será quien nos lo explique diciendo que la creación no es sino la manifestación de Dios a través de la cosmogénesis (evolución cosmológica y geológica), la biogénesis (evolución biológica), la noosgénesis (evolución de la conciencia universal) y, finalmente la cristogénesis (pancristismo) cuando, al fin de la historia, en el punto más alto de este movimiento y progreso de la conciencia universal (de acuerdo a una ley que él habría descubierto y a la cual llamó “Ley de la complejidad y de la conciencia), todo y todos se reúnan en el Cristo Omega en un pancristismo final: todo y todos seremos plenamente cristificados. T. de Chardin hace suyo totalmente el evolucionismo, todo lo que existe (en sentido individual) salió de un origen común, en tres etapas de progresiva complejidad y conciencia: 1. desde lo no viviente a lo viviente; 2. desde lo viviente a la vida sensitiva; y 3. desde la vida sensitiva a la vida reflexiva y espiritual. Sin embargo este no es el último estado; le sucede la convergencia universal de la Humanidad en el Punto Omega, es decir Dios.

Como todo buen modernista, T. de Chardin, en cuanto a la Creación, habla de modo enrevesado y oscuro. Él intenta decirnos que la Creación no es el efecto del poder (y suma bondad) de Dios en tanto Causa incausada, sino que sería más bien un acto por el cual Dios “unificó” lo que era múlttiple, un acto de reunificación de la multiplicidad preexistente, convirtiéndose en un “permanente creador” quien, sin cesar en su actividad, continúa como agente de esta progresiva complejidad por medio del proceso evolutivo. Es decir, para T. de Chardin no hay “creatio ex nihilo”, por que para él la nada no es sino una “multiplicidad” de elementos desordenados, aún no sujetos a la ley de la complejidad y de la conciencia. estamos ante un Dios elevado a Supremo Ordenador (¿no es esto acaso el G.A.D.U., o algo así?). Estamos ante la denominada “Evolución Creadora” bergsoniana, tía abuela de la teilhardiana “Unión Creadora”. Y consideremos que no sólo la actual tibia, rimbombante y gelatinosa Congregación Para La Doctrina De La Fe no ha dicho palabra alguna sobre esta fiebre intelectual, sino que, además, ésta ha sido fuertemente justificada por el “cardenal” Henry de Lubac; en realidad esto no ha de sorprendernos, sino más bien convencernos acerca de los postulados de la Neo-Contraiglesia (para perdición de las almas). En todo caso, al parecer nos encontramos en una creación en un incesante proceso de creación, puesto que, mientras no alcancemos el Punto Omega (nótese el total abandono de la diferencia entre lo sobrenatural vs. lo natural, problema crítico también para H. de Lubac, y entre la naturaleza vs. la gracia, propio entre los modernistas) el auto-vaciamento kenótico de Dios no ha finalizado: pero bueno, no nos preocupemos, la humanidad (y toda la creación), independientemente de nuestros méritos en el orden sobrenatural como libre respuesta a la Gracia será, apocatastásicamente, toda deificada, sobrenaturalizada y divinizada en un futuro “momentum” kenótico/evolucionista. Nada de salvación ni de visión beatífica, menos aún de condenación ni de infierno. En realidad, en este proceso no somos nosotros quienes somos elevados a la vida sobrenatural, no nos engañemos, se trata de la manera que, POR NECESIDAD, el mismo Dios utiliza para COMPLETARSE Y PERFECIONARSE A SÍ MISMO Y LLEGAR A SER DIOS, venciendo sobre la multiplicidad caótica (cf. T. de Chardin, Le Coeur de la Matière) y ¡Sí! ¡Tal cual! Gnosticismo puro, reinante en nuestros lugares sagrados.

– Et ecce luces catholicae

A tanto llega el desvarío al interior de la nueva “fe” por haber abandonado la sana doctrina de la Iglesia (depositum fidei), la sana teología y la sana filosofía y metafísica aristotélico-tomista acerca del ser, del ente, de la esencia, de la participación del ser en los entes finitos, de la existencia/esencia y del principio de causalidad. Es que el “credo” de la nueva religión, entronizada en los “loci catholici” a partir de 1958, ya no es el Credo Católico.

¡ITE AD THOMAM! En su Credo comentado, n. 22., Santo Tomás dice: “Como ya lo dijimos, lo que primeramente debemos creer es que hay un solo Dios; en segundo lugar, que este Dios es el creador que ha hecho el cielo y la tierra, las cosas visibles y las invisibles“. Y en el n. 25 declara un error (que he querido citar en toda su extensión) atinente a nuestro problema diciendo: “El tercer error es de los que afirman que Dios hizo el mundo de una materia preexistente. Y a esto fueron llevados porque quisieron medir el poder de Dios conforme a nuestra capacidad, y como el hombre nada puede hacer sino de alguna materia preexistente, creyeron que también así es Dios, por lo cual dijeron que para la producción de los seres contó El con una materia preexistente. Pero esto no es la verdad. En efecto, nada puede hacer el hombre sin una materia preexistente, porque él es una causa parcial y no puede dar sino tal o cual forma a una materia determinada, por algún otro proporcionada. Y la razón es que su poder no abarca sino la forma, y en consecuencia no puede ser causa sino de ella sola. Dios, en cambio, es la causa universal de todas las cosas, y no crea sólo la forma sino también la materia; así es que de la nada lo hizo todo. Por lo cual para descartar este error se dice: “Creador del cielo y de la tierra”. Así es que crear y hacer difieren en que crear es hacer algo de la nada, y hacer es producir algo de cierta cosa. Por lo tanto, si de la nada creó Dios, debemos creer que podría crear todas las cosas de nuevo si fuesen destruidas: así es que puede darle la vista a un cie19 go, resucitar a un muerto, y hacer las demás obras milagrosas. Sabiduría 12, 18: “Con sólo quererlo lo puedes todo”.

Virgo Maria, ora pro nobis Sancta Dei Genetrix, dum verum Papam speramus!


“Si en algo falto a la doctrina y fe católicas agradeceré de corazón corregirme”