¿Canonizaciones por la Iglesia “Novus Ordo”?

piusxii

 

     Estamos escuchando algunas cosas relacionadas con el proceso de canonización de Pío XII, abierto por Pablo VI en 1965. Cosas, en realidad, muy injustas y sesgadas por cierto ánimo político-religioso sobre un supuesto apoyo y hasta simpatía de Papa Pacelli con la causa de Hitler. 

     Contra estas afirmaciones está el propio pensamiento de Eugenio Pacelli respecto al nacionalsocialismo alemán plasmado en la Encíclica “Mit brennender Sorge” que él mismo redactó por encargo de Pío XI, sus alocuciones cuando ya era Papa, la gran cantidad de sobrevivientes judíos refugiados en dependencias de la Iglesia, la gran cantidad de positivos testimonios de relevantes personalidades judías (a tal punto de modificar positivamente el mismo texto sobre él en Yad Vashem), etc. 

     Sin embargo, existe un problema aún mayor, por ser insuperable, no sólo para el proceso de canonización del propio Pío XII, sino que también afecta a todas las canonizaciones a partir de su fallecimiento en 1958. 

      En efecto, perteneciendo las “Solemnes canonizaciones de los santos” al objeto secundario del Magisterio infalible de la Iglesia, nos encontramos con una dificultad insalvable concerniente a la situación en que se encuentra la Iglesia a continuación de la promulgación del Concilio Vaticano II, ya que, a partir de esa fecha, ningún elegido en Cónclave, que se presume válido, ni Bergoglio, ni algún sucesor que no derogue el Concilio Vaticano II y las posteriores reformas, ha poseído, ni posee la Autoridad de Cristo para canonizar a nadie en la Iglesia Católica. 

      La razón está en el principio de Autoridad. En efecto, la esencia de toda autoridad es su determinación a procurar el bienestar y el fin propio de la institución que dirige. Es así que los “papas” post Vaticano II no procuran el bien ni el fin propio de la Iglesia, que es, la Gloria de Dios y la salvación de las almas, porque han puesto un obstáculo para recibir la Autoridad que Cristo debe comunicar al elegido en Cónclave, obstáculo que es la intención habitual de enseñar el error doctrinal (muchos de ellos contradiciendo la enseñanza previa de la Iglesia), mala disciplina (irreverente o, francamente, moralmente errónea) y falso culto (sacramentos, liturgia y Misa). 

     Todo católico sabe, o debiera saber, que la Autoridad de la Iglesia, comunicada por Cristo, NO puede dar a sus fieles habitualmente el veneno, es decir, el error y el mal, a causa de la indefectibilidad de la Iglesia; es decir, que la Iglesia, por la promesa divina, debe continuar, hasta el fin de los tiempos, con la misma naturaleza y propiedades con las que Cristo la ha fundado y dotado, en otras palabras, es imposible que la Iglesia sufra un cambio substancial, como quiere el Concilio Vaticano II y la “jerarquía” subsiguiente. 

     Por lo tanto, en razón de la privación de la Autoridad en la Iglesia en la situación presente, es imposible poner el “Solemne acto de canonización” con la infalibilidad de la Iglesia, por parte de la jerarquía post Vaticano II, ni la de los que ya “canonizó” ni la de Pío XII, que deberá esperar, si Dios lo quiere, un verdadero Papa de la Iglesia Católica…!


“Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!
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