¿Quién es el obispo? ¿Un “proselitista”?

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          Ha sido publicado un reciente discurso del Sr. Bergoglio, modernista y ecuménico, dirigido a “A LOS PARTICIPANTES EN UN SEMINARIO PARA OBISPOS DE LOS TERRITORIOS DE MISIÓN”, con fecha Sábado, 8 de septiembre de 2018. Un católico esperaría encontrar allí, sobre todo en medio de la universal apostasía de nuestros tiempos, y de la urgente necesidad de misionar, las palabras de un verdadero Sumo Pontífice, marcadas por el carácter esencialmente misionero de la Iglesia, en base al mandato perentorio de N. S. Jesucristo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”(Mt, 28, 18-20). Pero, lamentablemente, por sus palabras, esto no es así:

Esto es lo que enseña el Sr. Bergoglio sobre la actividad misionera de la Iglesia

1 DE OCTUBRE DE 2013. El Papa Francisco dice: “El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido.  Necesitamos conocernos, escucharnos y mejorar nuestro conocimiento del mundo que nos rodea”.  (LA REPUBBLICA)

1 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco dijo: “Hay un pecado muy grave contra el ecumenismo: el proselitismo”.  (VATICANO)

13 DE OCTUBRE DE 2016. El Papa Francisco recibió a unos 1.000 peregrinos en el Vaticano – la mayoría de ellos luteranos alemanes – como parte de los preparativos ecuménicos para el 500º aniversario del comienzo de la reforma luterana.                         ….El Papa Francisco dijo al grupo que el proselitismo era una amenaza potencial para la unidad cristiana, diciendo: “Lo último que ustedes pueden hacer es ‘decir, convencer’. No está bien convencer a alguien de tu fe. “El proselitismo es el veneno más fuerte contra el camino del ecumenismo”… (VATICAN/AP PHOTO/ROME REPORTS/ANSA)

28 DE OCTUBRE DE 2016. En una entrevista, el Papa Francisco dijo: “Hay una política que debemos tener clara en cada caso: hacer proselitismo en el campo eclesial es un pecado. Benedicto XVI nos dijo que la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción. El proselitismo es una actitud pecaminosa…” (LA CIVILTÀ CATTOLICA)

18 DE NOVIEMBRE DE 2016. El Papa Francisco dijo: “…Repito, el proselitismo entre los cristianos es un pecado. La Iglesia no crece nunca a través del proselitismo, sino ‘a través de la atracción’, como explicó Benedicto XVI. El proselitismo entre los cristianos es, por lo tanto, un pecado grave en sí mismo, porque contradice la dinámica misma de llegar a ser cristianos y de permanecer cristianos. La Iglesia no es un equipo de fútbol en busca de aficionados…” (LA STAMPA/NATIONAL CATHOLIC REPORTER/AVVENIRE)

21 DE JUNIO DE 2018. En el movimiento ecuménico tenemos que tomar del diccionario una palabra: “proselitismo”. ¿Claro? No se puede tener ecumenismo con proselitismo. Tienes que elegir. O tienes un espíritu ecuménico o eres un proselitista”. (AGENCIA DE NOTICIAS CATÓLICA)

En cambio, ¿Qué dice la Iglesia? (Citas tomadas de la Homilía pronunciada por Mons. Sanborn, el 24 de octubre de 2014)

Papa Pío XII dijo: “No sólo el Salvador mandó que todas las naciones entren en la Iglesia, sin también decretó que la Iglesia es el medio de salvación sin el cual nadie puede entrar en el Reino de la Gloria eterna”.

Papa Pío IX dijo: “…Esta es la razón por la cual la Iglesia católica reza, e invita a los fieles que recen a Dios todopoderoso, para que todos aquellos que abandonaron la Santa Iglesia Católica se conviertan a la verdadera fe, abjuren sus errores, y retornen en gracia a su grey, fuera de la cual no hay salvación”.

Dijo también: “Pero este dogma católico es igualmente conocido, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia católica, y que todo aquél que con advertencia se rebela contra la enseñanza y la autoridad de la Iglesia no pueden alcanzar la salvación eterna, ni aquellos que voluntariamente se separan de la unión con la Iglesia y con el Romano Pontífice, el sucesor de Pedro, a quien el Salvador a confiado el cuidado de su viña.”

Papa Gregorio XVI dijo: “Con la ayuda de Dios el clero no tendrá mayor apremiante ansiedad que predicar la verdadera fe católica; el que no la guarde sin error, sin duda alguna, estará perdido. En consecuencia, ellos deben favorecer la unión con la Iglesia Católica, pues el que se separe de Ella no tendrá vida”.

Y este grande Papa, citando a San Agustín, dijo: “El que permanece separado del Cuerpo de la Iglesia Católica, no obstante, su conducta pueda parecer laudable, nunca gozará de la vida eterna y la ira de Dios permanece en él, a causa del crimen del cual es culpable al vivir separado de Cristo”.

Papa Gregorio el Grande dijo: “La Santa Iglesia universal enseña que Dios no puede ser verdaderamente adorado sino en su rebaño. Ella afirma que todo aquel que se separa de Ella no se salvará”.

Papa León XIII, en el último año de su vida, dijo: “Esta es nuestra última lección para ustedes, recíbanla y grávenla en sus mentes todos ustedes: ‘Por mandato de Dios, la salvación no se encuentra en ninguna parte, sino en la Iglesia’”.

Papa pío XII dijo: “Para ser cristiano, es necesario ser Romano, es necesario reconocer la Unidad de la Iglesia de Cristo, que es gobernada por el único sucesor del Príncipe de los Apóstoles, el Obispo de Roma, el Vicario de Cristo en la tierra”.

Papa Pío XI dijo: “Nadie está en la Iglesia de Cristo y nadie permanece en Ella, a menos que reconozca y acepte con obediencia la autoridad y el gobierno de Pedro y sus sucesores legítimos.”

¿Y la Sagrada Escritura?

 Fue a la única Iglesia, fundada por Él mismo, que Nuestro Señor Jesucristo dio este solemne mandato misionero: “Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt 19, 20), y Marcos agrega: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

¿Y la Sagrada Liturgia de la Iglesia? (Ibíd.)

La Oración Colecta del Domingo de Misiones: “¡Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y que vengan al conocimiento de la Verdad, envía, te rogamos, operarios a tu mies, que prediquen tu Palabra con certeza, que su predicación se extienda por todo el mundo, lo ilumine, y que todos los pueblos puedan conocerte, Único y Verdadero Dios, y a Jesucristo Tu Hijo, Nuestro Señor a quien Tú has enviado!”

La Oración Secreta de la Misa: “¡Concédenos que, desde la salida del sol hasta el ocaso, sea glorificado Tu Nombre entre las naciones, y que en todo lugar sea sacrificado y ofrecido la Oblación pura a Tu nombre!” Esta es la cita de la profecía de Malaquías, quien profetizó el Santo Sacrificio de la Misa, santo y puro, es decir, la Oblación incruenta.

La oración después de la Comunión: “Pide a Dios que la verdadera Fe se difunda en todo el mundo”

En el Viernes Santo, la Iglesia reza por la conversión de los herejes y cismáticos de la siguiente manera: “¡Oremos por los herejes y cismáticos, para que Nuestro Señor y Dios los libere de todos sus errores y los vuelva a llamar a nuestra Santa Madre, la Iglesia católica y apostólica!”. Luego el sacerdote reza: “¡Dios Todopoderoso y Eterno que ha salvado a todos los hombres y deseas que ninguno perezca, dirige tu mirada hacia aquellas almas engañadas por la insidia del diablo para que abandonando toda su perversión herética, el corazón de aquellos que permanecen en el error se convierta y retornen a la unidad de Tu Verdad!”. La Iglesia ofrece oraciones similares en el Viernes Santo por la infidelidad de los judíos y por los paganos.

COMENTARIO

          J. M. Bergoglio, oponiéndose a la enseñanza de Cristo y de la Iglesia, declara que la acción misionera de la Iglesia, intimada por el mismo Cristo, es una solemne tontería, algo absurdo, sin sentido, un pecado grave, un veneno muy fuerte, una gran amenaza, una actitud pecaminosa; ¿contra qué? nos preguntamos, él mismo lo dice y lo repite una y otra vez: pues contra el único dogma que profesa la nueva iglesia, esa organización que dirige J. M. Bergoglio, esto es, el ecumenismo, ya condenado por la Iglesia (cfr., Pío XI, Encíclica “Mortalium Animos”); el ecumenismo, razón de ser, espíritu y la letra del Vaticano II y de todas las “reformas” subsiguientes, es el único y más elevado dogma de la nueva “iglesia” post conciliar, a tal punto, que si usted falta contra éste, entonces comete un pecado gravísimo, de hecho, el pecado por excelencia.

          J. M. Bergoglio se atreve a calificar la bimilenaria actividad misionera de la Iglesia católica, ex profeso, con un término vulgar, despreciativo, injurioso, abominable, ordinario y blasfemo; ¿es que, cuando la Iglesia se esforzaba hasta el martirio y la muerte para convertir a los pueblos y traerlos a la Verdad, desde el lejano Oriente hasta América, desde la Europa Septentrional hasta África y Oceanía, y sacar a los errantes del error, perpetraba un acto deleznable llamado “proselitismo”? Señor Bergoglio, ¿¡Es que Cristo mismo ordenó cumplir un mandato divino “pecaminoso”!? Contra esto hay que gritarle r. Bergoglio, ¡Es la Misión de la Iglesia!; no nos cansaremos de repetirle a su cara el solemne mandato de nuestro Salvador: “Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”; “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

El horrible “pecado” de proselitismo, imputado a la Iglesia católica por el Sr. Bergoglio, significaría que la actividad misionera de los mismos Apóstoles y primeros discípulos, en especial, de San Pedro y San Pablo, pero de todos, en general, fue un amenazante y absurdo pecado; pero, ¿¡Cómo no se dieron cuenta de que la Iglesia debía  predicar el indiferentismo ecumenista!? Luego, la enorme cantidad de misioneros, las mismas congregaciones misioneras, y la propia Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, fundada por Papa Gregorio XV con la Bula Inscrutabili Divinae, todos ellos ¿¡Fueron para el Sr. Bergoglio propagadores de un “veneno muy fuerte” debido a la “pecaminosa actitud” de la Iglesia? ¿Quiere decirnos, a los católicos que aún retenemos la Fe, que la Iglesia erró miserablemente debido a siglos de Misión en el mundo? ¿Es que la Iglesia, Santa, asistida infaliblemente por el Espíritu Santo ¿da veneno a sus hijos y al mundo? ¿Cómo se atreve este hombre a proferir estas insanias, que sobrepasan las más horribles herejías contra El Cuerpo Místico de Cristo, cuando la Iglesia no ha hecho más que cumplir y ser fiel  a su Misión, intimada por Cristo?

La Iglesia católica es misionera por esencia; la nueva religión e “iglesia” del Vaticano II, en cambio, son pluralistas e indiferentistas por esencia y, por lo tanto, ecuménica, como queda demostrado por el heresiarca Bergoglio y por sus predecesores posteriores al Vaticano II; ecumenismo que es la aplicación del subjetivismo en ámbito religioso (todos juntos y revueltos, cada quien con su creencia y sus dioses). ¿¡Cuánto más tendrá que decirse para que los bautizados católicos huyan de esa extraña religión que se apoderó de sus parroquias y que antes eran de la Iglesia católica!?

En fin, en el texto del discurso Bergogliano, mencionado al inicio, difícilmente encontraremos palabras dirigidas a “obispos” propias de la forma de hablar de la iglesia, aún cuando el título del seminario anticipa que se dirige a “obispos” de los territorios de misión. Y ya sabemos la razón. Es que Bergoglio declara y enseña que la Misión de la Iglesia (convertir a la Fe católica a todos los pueblos; sacar del error a herejes, cismáticos e infieles, e incorporarlos a la Iglesia Católica, único medio de salvación querido y fundado por Cristo) es un pecado gravísimo contra la libertad religiosa y contra el dogma del ecumenismo. En cambio, en su discurso, encontraremos gran cantidad de locuciones propias del habitual estilo vago, vaporoso y confuso de los modernistas: P. ej., él dice  “Preguntémonos sobre nuestra identidad de pastores para tener más conciencia” (la autonomía de la conciencia individual es un principio irrenunciable del modernismo; en Bergoglio es recurrente; recordar que él enseña que incluso un ateo se puede salvar, si es fiel a su conciencia); “El ministerio del obispo da escalofríos…”; “Está llamado [el obispo] a hacer propio el corazón del sacerdocio”; “tener gestos y palabras de especial consuelo por los que experimentan marginalidad y degrado” (esto, en sí, no es reprochable; la Iglesia, históricamente, siempre ha tenido una especial solicitud por los necesitados; sin embargo la misión de la Iglesia militante pertenece al orden sobrenatural); “tiene [el obispo] la valentía de discutir con Dios por su rebaño” (¿con Dios? ¿acaso se negocia con Dios, o se debe obediencia a la voluntad divina?); cita la Misión de la Iglesia según San Marcos 16, 15 pero con un recorte, omitiendo las consecuencias, a saber, “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (la razón es que, en el espíritu del concilio Vat-II y de la enseñanza del “magisterio” de la nueva iglesia, todos se salvan, incluso el ateo “si es fiel a su conciencia”); “Y saliendo de sí se encuentra a sí mismo”, (esto es puro naturalismo, puro humanismo, es decir, se encuentra con su propia conciencia, se autorealiza; en cambio, la doctrina católica enseña que “el que sale de sí”, nacido bajo el pecado y las heridas de la naturaleza, no se encuentra con sí mismo, ni se realiza por sí mismo, sino con Dios, que es la esencia de la espiritualidad católica, por aquello de “Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9, 23); “nadie debe mostrar hacia vosotros actitudes de sumisión” (el Obispo, al recibir la Misión canónica conferida por el Papa, recibe plena autoridad para el gobierno de una porción de la Iglesia, la diócesis, por lo tanto, se le debe obediencia y sumisión); “permanecen [las familias] las primera Iglesias, por Iglesias domésticas” (esta expresión es un eco, o resonancia, de la enseñanza del concilio Vat-II, que, en Lumen Gentiumn. 11, rebautizó la familia como “Iglesia doméstica”,  y es un eco de la “Carta a las Familias” de Wojtyla, luego, si “Iglesia doméstica” ¿también Esposa de Cristo?; por otro lado, es un eco del llamado “Catecismo de los judíos”, en donde se enseña que la familia es “un pequeño templo” y que “la mesa familiar es el altar” [cualquier parecido con la “nueva misa” como Cena ¿es pura coincidencia?]. Ya Wojtyla, en esa carta, enseñaba que “el hombre es la vía de la Iglesia” [pensábamos los católicos que la vía de la Iglesia es Cristo], y que “la familia es la vía común de la Iglesia que recorre el hombre”; luego, también la familia es la vía de la Iglesia [nuevamente, para los católicos, la vía de la Iglesia es sólo Cristo). En fin, hasta aquí lo que es una muestra de las enseñanzas que forman parte de la doctrina inyectada directamente como veneno en las venas de la Iglesia católica por el “concilio” Vaticano II, reproducidas y ampliadas por el “magisterio” bergogliano y, en general, por la jerarquía post-conciliar.


Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Ecce sublimes dignitas et similitudo tuae. Bergoglio dixit!

 

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15 DE JUNIO DE 2018.- El Sr. Bergoglio, pretendiente al Papado, dijo: “La doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia. Antes de Jesús la visión sobre las mujeres era una cosa, pero después de Jesús son otra. Jesús dignifica a las mujeres y las pone al mismo nivel que a los hombres porque toma esa primera palabra del Creador, ambas son “imagen y semejanza de Dios”, ambas; no primero el hombre y luego un poco más abajo la mujer, no, ambas lo son. Y un hombre sin mujer a su lado – ya sea como madre, como hermana, como esposa, como compañera de trabajo, como amiga – ese hombre solo no es la imagen de Dios. Este es un pecado contra Dios el Creador, rechazando a las mujeres porque sin ella los hombres no podemos ser imagen y semejanza de Dios”. (NOTICIAS VATICANAS)

Veamos esta sorprendente y hasta extravagante enseñanza de este “magisterio” Bergogliano más de cerca. Tal parece que, en más de dos mil años, nuestra Santa Madre Iglesia nada dijo a nuestros pobres antepasados, tan católicos ellos, sobre la dignidad, imagen y semejanza de la persona humana; pero, al menos, los fieles ecuménicos sí tienen la suerte de recibir esta preclara “enseñanza” de su “pastor”.

La imagen, la semejanza y la dignidad.

 Bergoglio se remite a la doctrina de la dignidad y de la imagen y semejanza de Dios en el hombre tomada del “magisterio” de Wojtyla, tal como se desprende de su “Carta a las Familias” (2 de febrero de 1994). En el n. 6 de la Carta, Wojtyla, reflexiona sobre la persona humana y dice: «La clave interpretativa está en el principio de la ‘imagen’ y de la ‘semejanza de Dios’… “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza” (Gn 1, 26)»

Es cierto que el primer hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios; está divinamente revelado. Pero, veamos si este magisterio de Bergoglio/Wojtyla abandona, o no, la doctrina católica y, para eso, consultemos al Doctor Común de la Iglesia. En efecto, Santo Tomás de Aquino enseña que las criaturas irracionales no son a imagen y semejanza de Dios; en ellas existe sólo un vestigio del Creador (I, 93, 2). Las criaturas angélicas, en primer lugar (I, 93, 3) y luego, también los hombres son a imagen de Dios, que esimago creationis, no en el cuerpo, sino en el alma intelectual (I, 93, 6); es decir, la esencia del alma humana (las potencias) es imagen de la unidad trinitaria de la naturaleza divina. Los ángeles y los hombres, además, pueden ser a semejanza de Dios en la Gracia, que es imago recreationis, a la manera de una segunda creación de orden sobrenatural, la cual llegará a consumarse en la Gloria, que es imago similitudinis.Esta semejanza no es común a todos los hombres (I, 93, 4), sino sólo a aquellos que están en gracia de Dios: por lo tanto, el hombre puede adquirir la semejanza, pero también puede perderla. Y Santo Tomás, en la cuestión 93 de la primera parte de la Suma, donde trata expresamente la imagen de Dios en el hombre, sigue enseñando al respecto: el hombre y la mujer son a imagen de Dios en lo que corresponde al alma intelectual y sus potencias, es decir, en lo principal, pero sólo el hombre (vir) lo es en lo que corresponde a los aspectos secundarios. Respecto a esto San Pablo, Palabra de Dios inspirada, afirma que “el hombre es imagen y gloria de Dios, en cambio la mujer es gloria del hombre” porque “no viene el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre; ni fue hecho el hombre por causa de la mujer, sino la mujer por causa del hombre” (1 Cor 11, 7ss).

Por otro lado, cuando Bergoglio, siguiendo a Wojtyla, afirma que un hombre solo, sin mujer a su lado, no es la imagen de Dios, con esto, al mismo tiempo, afirma que ¡el hombre se asemejaría a Dios en ser hombre y mujer! Es decir, ¡Dios sería masculinidad y feminidad!Lo cual repugna no sólo a la Fe, sino también al sentido común, toda vez que, como es obvio a todos, la masculinidad y la feminidad están ordenados a la generación, como leemos en el mismo Génesis, en que Dios ordena a los hombres ser fecundos. Es claro que, tanto Bergoglio como Wojtyla, tienen la intención de incluir el elemento femenino en la divinidad. En efecto, Wojtyla, en la mencionada Carta a las Familias (n. 7), altera las palabras divinamente reveladas de San Pablo (delito gravísimo, puesto que no está permitido al hombre quitar, alterar o agregar nada en las Escrituras) con su paráfrasis “del cual toda paternidad y maternidad toma nombre”; si vamos a Efesios 3, 14s, en vano encontraremos allí el término “maternidad”. Dios, que es puro Espíritu, no es sexuado, ni macho ni hembra; sin embargo, no es casualidad que Dios se haya revelada al hombre como Padre y no como Madre; y la segunda persona, el Hijo y no la Hija, se haya encarnado en un hombre de sexo masculino, Jesucristo, nuevo Adán y no nueva Eva.

Ahora, ¿a qué obedecen estas “enseñanzas” de Bergoglio/Wojtyla? ¿qué pensar de su insistencia en agregar la “feminidad” a Dios, dualidad divina que serían tan necesaria para su imagen en el hombre? Sin recurrir a explicaciones teológicas, en lo inmediato, esta “enseñanza” es una concesión al feminismo modernista, que impera hasta en el campo teológico; incluso, la Pontificia Comisión Bíblica ha reivindicado en un documento una necesaria “exégesis feminista” de la Biblia, que fue presentado oficialmente por Ratzinger, reconociendo la “necesidad” de “identificar y corregir algunas interpretaciones corrientes que eran tendenciosas y apuntaban a justificar el dominio del hombre sobre la mujer” (Avvenire, 19 de marzo 1994, p. 16), refiriéndose a los conocidos pasajes de San Pablo (palabra revelada por Dios) cuando habla de la familia: 1 Cor 11, 3-10; 1 Cor 14, 34-35; Ef 5, 22-33; Col 3, 18-19; 1 Tim 2, 11-15; Tito 2, 5; 1 Pedro 3, 1-7 (este último pasaje no sólo es Palabra de Dios, sino, además Magisterio infalible de la iglesia, puesto que son las palabras del primer Papa). Es claro que estas palabras de San Pablo y San Pedro van directamente en contra de los “principios” del modernismo corriente, que son los principios de la nueva iglesia y religión nacidos del “concilio” Vaticano II, principios del liberalismo, común a todos los “papas” post conciliares.

¿Acaso alguien puede pensar que el discurso de Bergoglio estaría de acuerdo con San Pablo y San Pedro? ¿Acaso no los acusaría de misoginia, o de discriminación? El mismo Dios ¿no sería acusado de misoginia y discriminación por Bergoglio feminista? Cabe suponerlo, según los cánones de la iglesia ecuménica que él preside; en cambio, la Iglesia Católica enseña que la subordinación de la mujer al hombre no significa que ella tenga cualidades menores, o que, en el orden de la gracia, la mujer no pueda ser superior al hombre y más santas que él. De hecho, la criatura más elevada en gracia es la llena de gracia, una mujer, la Santísima Virgen María.

Y bien, llegamos a la íntima unión del maestro Wojtyla con su discípulo aventajado Bergoglio. En efecto, nuevamente, Wojtyla escribe en su Carta por El año de la familian. 6: “Esta es la primera afirmación [de San Pablo en su Carta a los Efesios, n.d.r] de la igual dignidad del hombre y de la mujer: ambos, igualmente, son personas”. Sin embargo, contra Wojtyla/Bergoglio, si todos los hombres son personas, no se sigue de esto que no deban existir relaciones jerárquicas entre ellos, por mucho que se quiera establecer sólo relaciones de igualdad,aún cuando se recurra a la “igual dignidad de la persona, común a los hombres”.

Sin embargo, la sola motivación feminista de Bergoglio/Wojtyla no basta para explicar esta extraña exégesis; en efecto, ésta obedece profundamente al trasfondo filosófico del personalismo, propio del espíritu del Vaticano II y del “magisterio” sucesivo: “Dios (Persona, de hecho, tres Personas) es, según lo repite Avvenireconjuntamente, padre y madre”, o sea, el Andrógino primitivo del esoterismo. A la base del personalismo bergogliano y wojtyliano encontramos una monstruosa y anormal concepción de la dignidad de la persona humana, dignidad tan recurrente y obsesiva en Bergoglio, dignidad que, según Wojtyla en su Carta, deriva del “concilio” Vaticano II que “hace referencia a la imagen y semejanza divina que todo ser humano ya posee por sí mismo”(n. 8), contrariamente a Santo Tomás, como hemos visto más arriba, según el cual la semejanza con Dios, imago recreationis, es dada sólo por la Gracia santificante, la cual no es poseída por todos los hombres, y aún menos “por sí mismos”; y también, dice Wojtyla, porque “con la Encarnación el Hijo de Dios se ha unido con todo hombre” (GS n. 22), de nuevo contrariamente a Santo Tomás, es decir, prescindiendo de la Gracia; y, además, continúa Wojtyla, de acuerdo al “concilio” que dice “el hombre, que sobre la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma”(es decir, el hombre no está ordenado, finalizado, a Dios, sino a sí mismo) explicando en su Carta que “Dios quiere al hombre como un ser similar a sí, como persona. Este hombre, todo hombre, es creado por Dios ‘por sí mismo’…quiere al hombre finalizado a sí mismo. Dios consigna al hombre a sí mismo” (n. 9) …la persona jamás puede ser considerada como un medio para lograr un fin; jamás, sobre todo un medio de ‘provecho’. La persona es y debe ser solo el fin de todo acto. Solamente entonces la acción corresponde ‘a la verdadera dignidad’ de la persona (n. 12). Luego, así de tan grande es la dignidad de la persona humanatambién para Bergoglio; tan grande que jamás es un medio, siempre un fin. La monstruosidad de esta idea está en el hecho de que ¡esta es precisamente la definición del fin último, o sea, de Dios! Es decir, ¡el hombre ni siquiera estaría finalizado a Dios! En todo caso es el mismo Wojtyla quien lo afirma explícitamente en Amor y Responsabilidad(p. 19). ¿Qué dice, en cambio, Santo Tomás? El Doctor Común de la Iglesia nos recuerda que “Dios es la causa final de todas las cosas” (I, 44, 4) pues la Palabra revelada en las Escrituras dice “El Señor ha hecho todas las cosas POR SÍ MISMO” (Prov 16, 4) y, contra la mencionada herejía del “concilio” Vaticano II y de Wojtyla y Bergoglio, está la condena del auténtico Concilio Vaticano de 1870, Sesión III, cap. I con la siguiente definición: “Quien negase que el mundo fue creado PARA GLORIA DE DIOS[el énfasis es mío], sea anatema”. Por lo tanto, es Dios (no el hombre) el fin del “mundo y de todo lo que contiene, espirituales y materiales…” (Ibíd.), por lo tanto, también de las personas humanas; luego, el hombre es un medio (no un fin para sí mismo) de la Gloria de Dios.

Hemos visto, contra Bergoglio, que la dignidad de la mujer no consiste en ser colocada al mismo nivel que los hombres, en cuanto a los aspectos secundarios divinamente revelados por San Pablo en los pasajes anteriormente mencionados. Específicamente, en cuanto a la dignidad de la persona humana, de acuerdo con la doctrina auténticamente católica, hay que decir que un hombre que no realiza el fin para el cual ha sido creado, sintetizado por San Ignacio en “alabar, reverenciar y servir a Dios, y mediante esto salvar su alma”, no procura la gloria de Dios y, con su pecado, decae de su dignidad, propiamente derivada de Dios. Y, nuevamente Santo Tomás: “Con el pecado el hombre abandona el orden de la razón, por lo cual decae de la dignidad humana…degenerando en la servidumbre de las bestias…de hecho, un hombre malvado es peor y más nocivo que una bestia”(Suma de Teología II-II, 64, 2 ad 3). Sin embargo, sobre este aspecto negativo del hombre no hay rastros de la “enseñanza” del Sr. Bergoglio. Por lo tanto, en sí misma, la dignidad del hombre, criatura racional y libre, radica en la conservación en el estado de Gracia santificante, sin pecado mortal; no en condiciones meramente naturalísticas, como las proclamadas igualdades sociales, levantadas por el espíritu de revolución, la masonería, el liberalismo, el pluralismo y el humanismo.

Y Bergoglio termina diciendo “Y un hombre sin mujer a su lado…no es la imagen de Dios…porque sin ella los hombres no podemos ser imagen y semejanza de Dios”. Esta afirmación es muy bizarra, jamás escuchada de un Papa de la Iglesia católica, descolgada de una catequesis totalmente extravagante y extraña al catolicismo, que hunde sus raíces, incluso, en el Catecismo Judío. En efecto, una página del catecismo hebreo tiene un impresionante parecido con esta “catequesis” de Wojtyla/Bergogio: Igualdad absoluta entre hombre y mujer (actualmente lo vemos a diario ante nuestros ojos mediante un incesante bombardeo de los medios sobre la campaña feminista); el fundamento de esta igualdad es el andrógino primitivo, pues Dios creó a Adán macho y hembra; la separación de este andrógino sucedió para que no seamos iguales a Dios, que también es, por lo tanto, hombre y mujer, padre y madre, el Andrógino primitivo de los cabalistas; luego, el hombre y la mujer, tal como lo quiere el “católico/hebreo” Bergoglio, encuentran su plena semejanza con Dios y su unidad primitiva en la unión conyugal…definitivamente, esta NO ES LA VOZ DE LA IGLESIA CATOLICA

¿Y qué diremos del celibato sacerdotal si, para Bergoglio, el hombre sin una mujer no refleja la imagen de Dios? Pues, diremos que Wojtyla /Bergoglio profesan un total desprecio por el celibato y por el sacerdocio; tal parece que, para Bergoglio, un hombre sin una mujerpermanezca incompleto, un medio hombre. Lástima que el perfeccionamiento personal del individuo, enseña la doctrina católica y los consejos evangélicos de Jesucristo (Mateo 19:12; 1Corintios 7:8; 1Corintios 7:38) se puede obtener aún mejor, en el estado de virginidad y de celibato virtuoso. ¿Cómo no traer a colación, a propósito del aberrante consejo de Bergoglio,  la “enseñanza” del evolucionista (por lo tanto, ateo) Teilhard de Chardin, jesuita y modernista, como Bergoglio, cuando dice, por ejemplo: “El hombre elemental permanecería incompleto si, en el encuentro con el otro sexo, en la atracción céntrica de persona-a-persona, él no se inflamase”, “entre un matrimonio socialmente polarizado hacia la reproducción, y una perfección religiosa siempre presentada, teológicamente, en términos de separación, una tercera vía (no digo media, sino superior) no falta, ciertamente…”  de Le Féminin ou l’unitif(1950). Y bien, después del “concilio” Vaticano II, las ideas de Teilhard de Chardin penetraron en los seminarios, donde viene enseñada “la integración afectiva sacerdotal”, “la oblatividad (la tendencia a donarse)”, es decir, “el tercer rostro de la sexualidad”, rostro que los sacerdotes y seminaristas debieran desarrollar para madurar en su propia sexualidad. Ya podemos captar algunos de los antecedentes que, junto a la persistente predicación de la eliminación del pecado original y sus efectos en el ser humano, del pecado, del juicio y del infierno, por el Novus Ordo, han dado luz verde a los desórdenes sexuales actuales entre el clero modernista.

CONCLUSIÓN

 Para concluir, volvámonos a la clara y segura voz de la Santa Madre Iglesia, que se sonaba inequívoca hasta la muerte de Pío XII. Por ejemplo, escuchemos a un verdadero Papa y, además, Santo, San Pío X, hablando de los modernistas con la infalibilidad del auténtico Magisterio, en su magistral Encíclica Pascendi: “Tales hombres [los modernistas] se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Perono se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro. Este grandísimo Papa, en 1907 ya veía hacia adelante lo que se avecinaba y habría de padecer nuestra Santa Iglesia a causa de los modernistas; primero infiltrada, luego logrando un “concilio” largamente esperado por ellos, el Vaticano II, y, finalmente, en nuestros propios tiempos, en poder de nuestros lugares santos, seminarios, universidades, colegios, institutos, Curia Romana, y hasta sentados en la misma Sede de Pedro; lugares católicos desde donde, con estilo enrevesado, propio del modernismo, esparcen sus errores a los fieles y el mundo entero.


“Christus vincit, Christus regnat et Christus imperat”